El atentado septembrino | Por: Alejandro Carrillo

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El atentado septembrino | Por: Alejandro Carrillo

Para 1827 ya Santander contemplaba la separación de la Nueva Granada de la recién formada Gran ColombiaBolívar deseaba una gran nación bajo un sistema de unidad democrática y centralizada, un Estado Moderno. Santander apostó recalcitrantemente por una Nueva Granada separada, liberal, descentralizada y aupaba la anarquía para desautorizar a BolívarSantander, burócrata al fin, se hizo conocer como “el hombre de las leyes”, su campo de batalla era el escritorio. Siempre vacilaba para entrar en batalla. En el clímax de la batalla de Boyacá, fue  a esconderse bajo un puente, rehuyendo los riesgos del combate.  José Leonardo Infante lo tomó por la solapa y le dijo:

“Venga usted general a ganarse con nosotros las charreteras”

Exponerse al ridículo de esa forma dejó en evidencia ante las tropas patriotas la incapacidad militar del neogranadino. De ahí en adelante no descansó en su encono contra los venezolanos y sus maniobras para eliminar al negro Infante. Para justificarse escribió sendos informes y sus sociedades de propaganda se encargaron de divulgar falsos positivos informativos. Pero la realidad de los hechos es infinitamente superior a la desbordada imaginación y habilidad de sus plumarios por dislocar la historia.

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El atentado septembrino

Bolívar se dio cuenta muy tarde del error de dar tanto poder a un hombre de poco valor  en la acción y gran capacidad conspirativa, dio demasiado poder y elogios a quien después se encargaría de hacer feroz campaña de guerra sucia en su contra y alzaría la daga de la traición para matarlo. Hay muestras documentadas como las que siguen:

1.- Punto de quiebre: Durante la Campaña del Sur (1820-1826) Santander, desde su escritorio burocrático en Bogotá, había malgastado los préstamos foráneos en  ausencia de Bolívar.

Mientras El Libertador le daba vida a nuevas repúblicas en él sur y conformaba el marco jurídico- constitucional para la creación de BoliviaSantander usufructuaba, en beneficio propio, los recursos para obras públicas, equipamiento de tropas y bienestar de las comunidades.

El dinero nunca había sido una tentación para El Libertador. Incluso durante los años en que su fortuna personal casi se había agotado, este cumplía sus obligaciones con gran puntualidad, prefiriendo pagar los gastos en los que incurría de su propio bolsillo, aún aquellos que eran ocasionados en el ejercicio de funciones públicas.

El atentado septembrino | Por: Alejandro Carrillo

Santander en cambio había usado y abusado del erario público y se había enriquecido a expensas del mismo. Se hizo una investigación al respecto, infructuosa, que solo agravó el distanciamiento y la enemistad entre los dos.

El neogranadino para deslastrase de las acusaciones desató una feroz campaña de descrédito contra Bolívar, recorrió aldeas y ciudades prometiendo elecciones, se involucró en actos públicos de carácter demagógico y se adelantó con ventaja en su popularidad en detrimento de la unidad de la Gran Colombia.

Santander hizo resoplar los vientos de la traición, los idus septembrinos estaban en marcha, se convirtió en un ídolo,  ganó terreno político, conformó fracciones, fracturó el país. Pensó el burócrata: “Divide y vencerás.”

Bolívar, mientras tanto, permanecía sereno sin desplegar ningún pasó en contra. Estaba exhausto. Fueron seis años de lucha continua y a sus espaldas se había creado en Bogotá una serpiente política de comportamiento solapado.

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2.- El juicio a José Leonardo Infante: Santander siempre mostró un excesivo celo contra los llaneros venezolanos, especialmente contra Páez cuya sola presencia lo irritaba.

Siempre guardo bajo la manga un dardo mortal  para dirigirlo contra el catire vencedor de Las Queseras del Medio y Carabobo. Esto se hizo más evidente en el amañado juicio que se instauró contra el maturinés coronel José Leonardo Infante.

Él lancero fue llevado a juicio sin pruebas suficientes, por un homicidio que no perpetró y sin derecho a apelación. La corte marcial tenía dos miembros del jurado controlados por Santander, dos en contra de la pena capital y otros favorables a una pena de diez años de cárcel. Sin embargo se dictó sentencia sin fórmula de reconsideración, violando el código  militar  y el invicto coronel fue degradado, llevado al paredón y fusilado.

Santander  siempre fue tímido y cobarde en el campo de batalla. Pero una vez más, el 26 de marzo de 1826,    se mostró en el máximo esplendor de su valentía  complacido, ostentoso y valiente frente un pelotón de fusilamiento. Personalmente arengó a las tropas y se encargó  de dirigir con gran pompa el acto de fusilamiento del coronel venezolano.

El Dr. Miguel Peña, Presidente de la Corte Marcial, se negó a firmar la sentencia, fue depuesto del  cargo y partió a Venezuela para ponerse a las órdenes de José Antonio Páez. La ruptura entre naciones hermanas se agudizó.

El atentado septembrino | Por: Alejandro Carrillo

3.- Los Círculos Secretos – CS: De nuevo aquí se nos presenta otro caso histórico de la burocracia enquistada que sabotea los planes maestros de gobierno y la agilidad de la función pública del Estado.

Los CS fueron el epicentro de la campaña de descrédito para socavar la popularidad y buen nombre  de Bolívar. Fueron creados y dirigidos por Santander como sociedades subterráneas en todos los niveles de la sociedad neogranadina.

El principal Círculo Secreto operaba desde Bogotá conformado por doce individuos, cada uno de los cuales era a su vez líder de otro CS, también  con una  docena de conspiradores. Estos círculos  irradiaban propaganda de desprestigio hasta los CS que operaban en las provincias. Los actores principales de los CS bogotanos eran el mismo SantanderSoto Azuero.

Así desde la  sede de la capital de La Gran Colombia la nueva república era mantenida en una constante situación de agitación y odio contra el Libertador.

El incremento en las actividades de extrema oposición a Bolívar se debe en parte, a que mientras él estaba ejerciendo funciones independentistas en la Campaña del Sur,  Santander había ejercido durante varios años la Presidencia de la Gran Colombia y montó su propio aparato de traición y poder.

Santander no pudo asimilar el retorno de Bolívar cubierto de triunfos y reconocimientos, y se convirtió en el típico  burócrata enquistado haciéndole la guerra a quien le dio mando, poder y rango militar que no merecía.

El atentado septembrino | Por: Alejandro Carrillo

4.- Bolívar destituye a Santander: El separatismo prendió candela en todas partes. En Caracas hubo pandillas que pretendieron luchar por los derechos del rey. Hubo saqueos en la afueras de  la ciudad. Desde Puerto Rico los españoles proveían dinero y armas. Hubo preparativos de una invasión del realista Morales al mando de 12.000 soldados.

Páez siendo secesionista sin embargo fusiló a los sublevados. El 28 de febrero Bolívar instaura tribunales especiales para casos de alta traición y estuvo a punto de declarar ley marcial y adopta medidas suficientes para subsanar el déficit fiscal que ocasionó la malversación de Santander.

Visto que se desvanecieron las amenazas de desembarco de tropas españolas  entonces El Libertador estableció su cuartel general en Bucaramanga a la espera de los resultados de la convención de Ocaña. Esta asamblea solo sirvió para acendrar los odios contra Bolívar, se consolidó el partido santanderista y comenzó el ocaso del sol de la Gran Colombia.

Bolívar se negó a asistir a la convención,  lo cual ha sido considerado por muchos un error;  pero su olfato político ya presentía el intento de magnicidio que se le avecinaba. A ratos se debatía entre su optimismo natural y la tristeza de lo que su corazón presentía.

En Ocaña los pocos seguidores de Bolívar y los muchos adeptos de Santander solo abundaron en apasionados vituperios, intercambio de insultos y manifestaciones mutuas de desprecio. Era una asamblea de palos y contrapalos.  Perú de Lacroix en su diario recoge en parte estos momentos llenos de crispación política y resentimientos viscerales.

Bolívar fue informado de que Santander y sus partidarios habían comisionado un oficial para que lo asesinara. No obstante no dio importancia al asunto y esto sumo otra grave equivocación a la montaña de errores que venía cometiendo de buena fe.

El 05 de septiembre Bolívar elimina la figura de la vicepresidencia y  destituye   a Santander. Sin saber el plan, que tenía su rival en mente, lo designa para ejercer funciones diplomáticas en Nueva York.

Santander pide taima, logra una prórroga para su partida y da los toques magistrales, las pinceladas finales para organizar el macabro plan de magnicidio

Dentro de uno de estos Círculos Secretos cayó entrampado un hombre que no por culto y políglota dejo de ser instrumento ciego de su bárbara  ambición  separatista y visión cortoplacista: Pedro Carujo.

El atentado septembrino | Por: Alejandro Carrillo

5.- El atentado contra Bolívar: El liberalismo colombiano lanzó a Pedro Carujo como un dardo envenenado contra el corazón de Bolívar. El partido santanderista era el amo de la traición.  Carujo era el puñal de Brutus que se avalanzaba contra  el Jefe Máximo, amigo y benefactor; era una orgía de puñales contra El Libertador.

Bolívar era el blanco de todas las ofensas, los conjurados creían que matarlo era la cosa más sencilla del mundo; pero… ¿matar a Bolívar? y ¿matarlo en su propia casa de Bogotá? Para eso buscaron y rebuscaron todas las justificaciones posibles, aun las de carácter filosófico. Iban a matar al  padre del pueblo huérfano de libertad, al buen hermano, al Abel, al mejor de los amigos. Eso no  tiene cabida ni justa medida en el corazón de nadie,… en su sano juicio. Era una trama saturada de insanía y maldad.

En esos días hubo dos intentos  de magnicidio que fracasaron,  pero a la medianoche del 25 de septiembre no hubo marcha atrás. Carujo condujo a 40 hombres por las calles de Bogotá, mató a los centinelas que custodiaban la casona, mataron al coronel William Ferguson e hirieron al teniente Andrés Ibarra (primo de Bolívar),  y ya dentro de la mansión  Manuelita Sáenz los distrae, mientras Bolívar salta por el balcón. Es ella quien frustra el magnicidio y con su astucia da tiempo a que se ponga a salvo.

Ella salió al corredor para detener a los conjurados, con una espada en la mano se interpuso, y armada con una gran presencia y elegancia los increpó preguntándoles acerca de sus intenciones. Ellos reclamaron “¿Dónde está  Bolívar?” Ella los desconcertó. Ella desarmó la conspiración y quedó inmortalizada como la “Libertadora del Libertador”.

Indudablemente Bolívar salió ileso de los atentados de Jamaica y  el Rincón de los Toros, pero en esta tercera vez, en Bogotá, la herida moral fue grave y lo abatió hasta la muerte.

¡Leales siempre! ¡Traidores nunca!

¡Nosotros Unidos Venceremos!

 

ALEJANDRO CARRILLO

[email protected]

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Publicado en CEMD.


 

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