Sueño colonial de Washington chocó con la dignidad bolivariana

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Este lunes, el presidente Donald Trump, soltó una de esas frases que (bajo la apariencia de una ocurrencia mediática) esconden la esencia de la doctrina Monroe: sugirió que Venezuela sea el estado número 51 de los Estados Unidos.

La respuesta desde el Gobierno Bolivariano no se hizo esperar, y fue contundente en su raíz histórica. Desde La Haya, la presidenta (E) Delcy Rodríguez cortó en seco la narrativa de la cadena Fox News:

«Eso no está previsto, jamás estaría previsto, porque si algo tenemos los venezolanos es que amamos nuestro proceso de independencia».

¿Por qué Trump lanza esto ahora? No es solo retórica de campaña. Es la reafirmación de que, para la élite de Washington, el territorio venezolano no es una nación soberana, sino una extensión de recursos a la espera de ser administrada por el Norte

El error histórico de los EE. UU. ha sido subestimar, pensar que las dificultades económicas impuestas por las mismas sanciones estadounidenses harían que el pueblo deseara ser «anexionado» es ignorar 200 años de historia.

Venezuela no es una estrella vacía en una bandera ajena; es el epicentro de un proyecto de integración latinoamericana. La respuesta de Rodríguez no es solo una postura oficial, es un recordatorio de que la dignidad nacional no tiene precio, ni se rinde ante el show televisivo de Florida.

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