Agua que no se mueve se estanca | Por: Carolys Pérez

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Agua que no se mueve se estanca | Por: Carolys Pérez

En el marco de la ampliación de todas las formas en las que nos es posible abrazar nuestra historia, con todos sus movimientos políticos, sociales, económicos, se encuentra este momento, en el que aquí y ahora nos estamos debatiendo los días. Pues ante la llegada de un mes en el que el combate de las ideas y de los proyectos de país se enfrentan cuerpo a cuerpo, viene a ser profundamente necesario mirar con atención y utilizar las distintas corrientes, las distintas perspectivas en las que, con suspicacia, precisión científica y muy especialmente con ternura, hemos logrado llegar hasta hoy.

Hay que sacudir y sacudirnos en lo personal, para transformar, mover el agua para que no se estanque, poner los pies en la tierra para entender y recordar de qué se trata esta batalla a la que nos enfrentamos y estudiarla, pues no es poca cosa lo que nos ha traído hasta aquí.

Quizás no sea nuevo convocarnos desde el amor a la patria, pero esta patria que hoy vivimos no es la misma, por lo tanto, requiere ser entendida desde sus nuevos lenguajes para ser amada y entonces hacer aquello que tanto nos convocó el Comandante Chávez y que siempre nos recuerda el presidente Maduro, “estudiar para comparar, comparar para proyectar, revisar para reimpulsar, reimpulsar para re-evolucionar”.

Si lo pensamos desde las cosas más sencillas, la naturaleza, en su infinita sabiduría, se encuentra en un perpetuo estado de cambio. Las estaciones cambian y con ella los procesos de siembra y cosecha, los ríos fluyen, las montañas se erosionan y las especies evolucionan. Esta transformación no es producto del azar, sino de una ley natural que rige el cosmos.

Al igual que el universo, nosotras y nosotros, como seres humanos, estamos sujetas y sujetos a esta misma ley. Nuestros cuerpos cambian con el paso del tiempo, nuestros pensamientos evolucionan y nuestras experiencias nos moldean. Resistirse a este cambio natural es como intentar nadar contra la corriente: un esfuerzo infructuoso y agotador.

Es por ello que el llamado viene a ser desde el amor a la patria a construir una nueva realidad social y política que nos involucre en su tejido lejos de la polarización y más cerca del trabajo necesario y permanente que convoca la alegría y nuestra historia para ser esta red de sostenimiento y contención que no se deshilacha, pues siempre está hilvanando su tejido.

¿Te sumas?

¡Seguimos venciendo, palabra de mujer!

CAROLYS PÉREZ

ÚN.


 

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