Nuevo saqueo, vieja normalidad y ofensiva chavista

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Parece, pero no es mentira

“El Esequibo y el oro es nuestro”, dijo Juan Guaidó en su asiento desde el lado del gobierno de británico, mientras estos sacaban los lingotes del banco de Inglaterra y aupaban al gobierno de Guyana para hacerse de parte del territorio venezolano. Escena dantesca que lastimosamente es real y que materializa una de las peores traiciones a la patria y el mayor robo a la nación en su historia republicana. Hecho que si bien no sorprende, se suma a la larga lista de crímenes que además de profundizar la crisis económica y social; resultado de las medidas coercitivas unilaterales, generan precedentes nefastos que ponen en riesgo el futuro de todos los pueblos del mundo que “osen” en defender la soberanía y el derecho a decidir su destino.

La nueva y la vieja normalidad se parecen bastante

Los retrocesos, incluso civilizatorios, son evidentes y no acatan cuarentena. Anexiones ilegales de territorios, genocidios, saqueo, judicialización de la política, bloqueos económicos y desconocimiento de la voluntad de los pueblos están a la orden del día. Si a alguien le quedaba alguna duda sobre la necesidad de luchar contra el imperialismo y en colonialismo, en pleno siglo XXI. El 2020 llegó para dar respuestas y exigir posiciones. No solo por la evidente imposibilidad del capitalismo para garantizar la vida de millones en medio de una pandemia, sino por el empeño de los sistemas de gobierno anacrónicos en avanzar en sus planes de saqueo y expansionismo, en medio de una de las peores crisis de la humanidad.

La terquedad necesaria

En un escenario tan complejo, cuyas causas y consecuencias trascienden fronteras; y en el que se arriesga la paz y la estabilidad de un pueblo en constante resistencia. Es razonable que un gobierno decida detenerse o retroceder en sus planes de defensa y ofensiva contra el asedio. Pero en el caso venezolano, resulta aún más razonable, retar a la tormenta.

Eso lo ha entendido muy bien la dirigencia chavista, que luego de construir liderazgo, seguridad jurídico-institucional y organización popular, puede avanzar confiado hacia un proceso electoral, que si bien no resolverá la totalidad de los problemas ni ahuyentará inmediatamente a los buitres de las grandes potencias y sus aliados, hiere de muerte el ego de quienes están acostumbrados a “vencer fácilmente” y eso además de simbólico puede ser determinante si se toma en cuenta que el “liderazgo” opositor a lo interno del país, es nulo. 

 


 

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