A Trump le llegó su hora: ¿entregará o seguirá aferrado al poder?

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Al magnate neoyorquino, Donald Trump, le llegó su hora. Este miércoles 20 de enero de 2021 expira legalmente su período como el presidente número 45 de los Estados Unidos y debe sucederle en el cargo el demócrata, Joe Biden. Sin embargo, lo que en todas las ocasiones anteriores había sido una ceremonia, quizás vistosa, pero sin mayores aspavientos, en esta oportunidad se ha convertido en un evento incierto, signado por la tensión y el miedo.

A tan solo algunas horas de que Trump abandone definitivamente La Casa Blanca, los alrededores del mítico recinto dan el aspecto de una ciudad sitiada. Las fuerzas de seguridad han acordonado fuertemente todo el perímetro, redoblando la presencia de los guardias de seguridad. Un espectáculo, nunca visto, que deja ver a la opinión pública internacional las grietas de un sistema en acelerado deterioro.

La juramentación del presidente de los Estados Unidos, siempre había dado lugar para reforzar simbólicamente los principios más machacados del régimen estadounidense. Es decir, la alternabilidad en el poder, el equilibrio entre poderes y el impecable funcionamiento de las instituciones, entre otros.

Cambio de guión

Alerta Washington

Pero toda esa retórica edulcorada ha ido a parar al cesto de la basura. Un presidente en funciones (Trump) no acepta la derrota y canta fraude sin pruebas. En el interín una turba enardecida de fanáticos religiosos se mantiene al acecho, y fuertemente armados, prestos a romper lo que se conoce como el hilo democrático. De este modo, intentarían mantener a Trump a la fuerza en el poder o desatar una guerra civil.

La escaramuza del 6 de enero mantiene en alerta a todas las fuerzas de seguridad. En el centro de Washington se ha realizado un despliegue de seguridad al mejor estilo de Hollywood. Las imágenes recuerdan escenas de aquella mediocre película de «Asalto a la Casa Blanca». Y es que en el centro de Washington se han destacado agentes de diversas fuerzas: soldados, guardias nacionales, policías del Capitolio, el servicio secreto y la policía de la ciudad. En total más de 25 mil miembros de la fuerza militar de reserva.

Pero a diferencia de la cinta protagonizada por Gerard Butler, la amenaza no son los sempiternos «terroristas islámicos», sino movimientos extremistas surgidos de la entraña de la sociedad norteamericana. Figuran en esta lista ignominiosa los supremacistas blancos, la extrema derecha y otros grupos radicales. Así destacan los Oath Keepers, Three Percenters y los Proud Boys, entre muchos otros. Sin dejar de mencionar el polémico movimiento Q Anon.

El FBI se ha tomado muy en serio las posibles amenazas de estos factores, extremando las medidas de seguridad e investigación. Lo que no sería de extrañar, tras los eventos del 6 de enero, donde perdieron la vida 5 personas. Sin embargo, un indicador claro de que existe una precaria normalidad institucional es que se investiga a fondo, también hasta a los propios efectivos encargados de garantizar la seguridad (25 mil efectivos militares).

Camorra diplomática 

Entretanto, Trump no termina de disipar las dudas, aplacando a sus seguidores. Antes de irse aprovecha sus últimos días como presidente, legalmente en funciones, para dejarle a su sucesor un verdadero campo minado. El empresario ha hecho del proceso de transición una pesadilla. Obstruyendo medidas de la política interna, como un plan de ayuda a las personas afectadas económicamente por la pandemia de covid-19.

Igualmente, ha emitido resoluciones, en las que literalmente busca camorra con países como Cuba, Irán y China. A la mayor de las Antillas la incluyó en la lista Estados patrocinadores del terrorismo, con lo que buscaría asegurarse el respaldo de la comunidad latina anticastrista. Y a la vez dejar una gruesa piedra de tranca a una posible flexibilización de las «sanciones» norteamericanas contra la tierra de José Martí.

Mientras que con China, luego de 4 años de absurda y estéril guerra comercial, Trump le da un espaldarazo a Taiwán levantando algunas restricciones. Ello no puede ser visto con buenos ojos en Beijing. Por otro lado, para «halagar» a Irán, la administración saliente acaba de declarar como terroristas a los rebeldes yemeníes que resisten una cruenta guerra a manos de Arabia Saudita.

Todo esto confirma que Trump no está en la mejor disposición. Para nada. No le interesa facilitar las cosas y se comporta como un niño malcriado, que hace una pataleta. La tradición democrática norteamericana de 150 años de antigüedad, pende de un hilo. Este miércoles 20 de enero se despejará la incógnita. Entonces se sabrá si el multimillonario empresario, finalmente, abandona la presidencia por las buenas. Además resta por constatar que aún entregando el poder, su país permanezca en calma.

Trump insiste

 

 


 

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