En una declaración cargada de firmeza geopolítica, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular Democrática de Corea denunció la agresión de los EE.UU. e Israel contra Irán. El gobierno norcoreano rompió su silencio diplomático para calificar este acto como ilegal, rechazando además la intromisión manifiesta de estos países en los asuntos internos de la nación persa tras la reciente elección del nuevo líder de la Revolución Islámica.
Mediante un comunicado oficial, Pyongyang advirtió que estas acciones hostiles socavan el derecho internacional y la soberanía de los pueblos. Durante una rueda de prensa en la capital, un portavoz de la Cancillería manifestó que los actos de agresión de Washington y Tel Aviv «están destruyendo las bases de la paz y la seguridad regionales y agravando la inestabilidad mundial al organizar un ataque militar ilegal contra Irán».
En este sentido, el gobierno de la RPDC sostiene que la coalición occidental utiliza la fuerza militar para imponer su voluntad política sobre naciones independientes. Por consiguiente, el portavoz enfatizó que el mundo enfrenta un precedente peligroso donde las potencias ignoran las fronteras y la autodeterminación. Además, mantuvo un discurso contundente al asegurar que el silencio ante tales atropellos solo invita a una mayor anarquía internacional.
«Cualquier amenaza retórica o acción militar que viole el sistema político y la integridad territorial del país en cuestión, interfiera en sus asuntos internos y abogue abiertamente por el intento de derrocar su sistema social, merece la crítica y el rechazo mundial, ya que no puede ser tolerada», aseguró el vocero. De este modo, Corea del Norte reafirma su postura de solidaridad con aquellos países que resisten las presiones del bloque liderado por Estados Unidos.
Asimismo, el gobierno norcoreano aseguró que respeta «el derecho y la libertad de elección del pueblo iraní de elegir a su líder supremo». Esta declaración surge tras el reciente anuncio de que la Asamblea de Expertos seleccionó para el frente de la Revolución Islámica a Mojtaba Jameneí, hijo del ayatolá Alí Jameneí. Es importante recordar que el ayatolá Alí Jameneí perdió la vida durante las primeras horas de los bombardeos de EE.UU. e Israel. A consecuencia de estos ataques imperialistas, también fallecieron la esposa de Jameneí, Mansuré Jojasté Bagherzadé, y varios de sus familiares, incluyendo su hija y una de sus nietas.
Por otra parte, Pyongyang denunció que, previo a la elección, Washington y Tel Aviv amenazaron explícitamente con asesinar al nuevo líder supremo. A pesar de estas presiones y del martirio de parte del liderazgo político y militar iraní, los planes imperialistas fracasaron en su intento de conseguir una victoria rápida. No lograron desestabilizar al país, provocar un cambio de régimen, ni destruir el potencial militar iraní o poner fin a su programa nuclear. Por el contrario, la respuesta de Teherán ha sido contundente y organizada.
Tras la agresión inicial, Irán lanzó 38 ataques defensivos a gran escala utilizando misiles de precisión y drones contra instalaciones militares y estratégicas de EE.UU. e Israel, causándoles sensibles daños. Esta contraofensiva demuestra, según la Cancillería norcoreana, que las políticas de agresión solo generan una espiral de violencia donde los agresores también sufren las consecuencias. En última instancia, la RPDC sostiene que la resistencia es la única vía ante la prepotencia extranjera.
Finalmente, el gobierno de Kim Jong-un reafirmó que el mundo no debe guardar silencio ante el uso desmedido de la fuerza y las violaciones a la soberanía. Esta postura busca consolidar un frente unido de naciones que rechazan el hegemonismo y defienden un orden mundial multipolar. Pyongyang concluyó su mensaje advirtiendo que continuará observando de cerca la evolución del conflicto en el Medio Oriente, manteniendo su apoyo irrestricto al pueblo y al gobierno iraní en su derecho a la legítima defensa.



