Simón Rodríguez otro genio de América incomprendido de su tiempo

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Tras la muerte del Libertador Simón Bolívar, su principal mentor el que había forjado al genio para la «libertad, la justicia y lo grande», se lamentaba amargamente: estaba convencido de que sin Bolívar, tampoco había lugar para él en América. Así resumía otro genio, el Robinson siempre rebelde, su desazón por la prematura partida del alfarero de Repúblicas.

Sin embargo, Simón Rodríguez, le sobrevivió 24 años al Libertador. Pero su destino fue una especie de destierro en su propia Patria Grande. Todo producto de las miopías y mezquindades de una élite política y económica adicta al dinero. Pero jamás a los valores superiores que animaban a espíritus tan elevados como los de Rodríguez y Bolívar.

Hoy cuando se cumplen 251 del natalicio de un hombre íntegro, que consagró su vida al estudio. Es bueno rescatar algunos aspectos valiosos y con plena vigencia de la vasta obra intelectual de don Simón Rodríguez. Por la audacia de sus ideas, siempre fue un incomprendido, alguien «mal visto» por el conservadurismo excesivo de esa época. Entonces, decide apodarse Robinson, evocando al héroe solitario de la célebre novela de ese tiempo, del escritor Daniel Defoe.

Entre penurias

Ciertamente, tras el fallecimiento de Bolívar se abrió para Rodríguez un período de serias dificultades económicas. No obstante, el maestro se las ingenió para seguir escribiendo y formando a las nuevas generaciones. Sus métodos rompían esquemas, porque era un convencido de que los nuevos valores había que sembrarlos en los niños, desde la más tierna edad, para poder así conformar repúblicas independientes.

«Todos los derechos se derivan de la sociedad y todas las obligaciones se refieren a ella. El niño debe aprender en la escuela a trabajar y a vivir como un integrante social», expresaba el sabio. Su método consistía el liberar al niño de viejos fantasmas y costumbres gastadas.

También afirmaba: «Enseñen a los niños a ser preguntones, para que pidiendo el por qué de lo que se les mande a hacer; se acostumbren a obedecer a la razón, no a  la autoridad como los limitados, o a la costumbre como los estúpidos».

Niños empoderados con el conocimiento, estaban llamados a ser los ciudadanos de futuras repúblicas inclusivas, preocupadas por el bienestar de todos. Ese era su mayor sueño. Pero sus sabias palabras no solo fueron desoídas, sino que el pensador consiguió mil trabas para publicar los escritos de su etapa intelectual más madura.

No lo publicaban

Su manuscrito acerca de la educación, bajo el título de Sociedades Americanas nunca consiguió publicarlo, tampoco su apología de Bolívar, titulada el Libertador de Sudamérica. A sus 80 años estaba escribiendo otro libro: La tierra y sus habitantes. Nadie se interesó por su obra. Era obvio, que al igual que sucedió con el Libertador, la traición condensada en el Santanderismo colombiano quería asegurarse de enterrarle, «bien enterrado», en vida.

Y las circunstancias que le tocó vivir no fueron nada fáciles.«Yo que deseaba convertir la tierra en un paraíso para todos, la he convertido en un infierno para mi mismo«. Estando vivo Bolívar, y confrontando necesidades, jamás se valió de esa amistad para obtener beneficios. Con la altivez de su ética vertical, se preciaba de decir: «amé más la libertad que el bienestar».

Abrió varias escuelitas y fábricas de velas en varios pueblitos de Chile, Ecuador, Colombia y Perú. En la puerta de algunos de estos pequeños recintos podían leerse estos rótulos: «Luces y virtudes americanas. Esto es velas de sebo, paciencia, jabón, resignación, cola fuerte, amor al trabajo», así se ganaba la vida este gran filósofo utopista.

Otra constante preocupación espoleó su conciencia. Siempre abogó por la necesidad de ser originales, para poder alcanzar la independencia en lo económico. «La América española pedía dos revoluciones a un tiempo: la pública (o política) y la económica. Las dificultades que presentaba la primera eran grandes: el general Bolívar las ha vencido. Los obstáculos que oponen preocupaciones a la segunda, son enormes. La guerra de independencia no ha tocado a su fin», avizoraba.

El presidente constitucional, Nicolás Maduro, y altas personalidades del gobierno han rendido merecido homenaje al ilustre personaje, a través de sus cuentas en Twitter.

Fue el Comandante Chávez quien desempolvó la obra de Rodríguez y la incorporó a ese árbol de las tres raíces, junto con el pensamiento de Bolívar y del general del pueblo soberano, Ezequiel Zamora. Todos baluartes autóctonos, en la teoría y práctica, del ideal de patria y soberanía. Hoy cuando nos enfrentamos a las más brutales agresiones por parte de los EE.UU., la vida y obra del Robinson de América debe seguir siendo un faro hacia el puerto de la plena independencia. Mantenernos en ese camino es el mejor tributo que le podemos rendir.

 

 


 

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