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Los grandes imperios se agavillan para saquear Venezuela. Cercan nuestras costas aparatosos acorazados repletos de marines invasores. Una campaña mediática mundial escarnece a nuestro país y difama a sus gobernantes. Los Estados Mayores se reparten sobre el mapa nuestro territorio; los financistas, nuestras riquezas. Cuando todo parece perdido, una retumbante proclama concita la resistencia popular y el apoyo internacional: “¡Venezolanos! ¡La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria!”
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Pasan 123 años. Estados Unidos manda a la frontera marítima caribeña de Venezuela tres acorazados, submarinos atómicos, portaaviones, aviones espías, 4.500 marines y cantidad excesiva de chatarra militar. Coordina la operación un montaje de la Agencia Reuters con más falsedades que noticias: los acorazados serían el USS Sampson (que en realidad está en el Pacífico), el USS Gravity (que anda por el Golfo de México) y el USS Dunham (el cual está fuera de servicio). La flota fantasma es celebrada con un montaje de noticias fake a tono con su credibilidad: manifestaciones que nunca existieron estarían celebrando la caída de un gobierno que no ha caído; familiares del Presidente que sigue en funciones habrían pedido asilo, se habrían sacado cajas de un Palacio de Miraflores que sigue siendo sede del gobierno. Todo según fuentes bien desinformadas que permanecen rigurosamente anónimas.
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Todo parece repetición de una comedieta en la cual la oposición espera que Estados Unidos tumbe al gobierno y se lo regale a ella, mientras Estados Unidos aguarda que la oposición deponga al gobierno y le obsequie el país. Más de un cuarto de siglo llevan cada quien esperando que el otro le haga el trabajo. Al carnaval de indefiniciones se añade un falso pretexto, por si se queda una vez más en ridículo. Nadie reconoce que se va a invadir Venezuela. No señor: se va a “combatir el narcotráfico”.
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Profundamente conmueve que los desorientados marines viajen hasta tan lejos para combatir lo que ya se ha apoderado de su propio país. Su Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud (NSDUH) revela que para 2023 unos 70,3 millones de estadounidenses (24,9% del total) consumían sustancias ilícitas, y que 48,5 millones de ellos, de 12 años y más, sufrieron trastornos por su uso. Las cifras revelan sólo casos detectados y registrados, el total podría ser mayor. No figuran en las pudorosas redes datos sobre la cantidad y costo de los estupefacientes necesarios para causar tal estropicio en uno de cada cuatro estadounidenses. Cabe presumir que dependen de profundos apoyos en el sistema financiero y en la connivencia de las autoridades norteñas. Si adolescentes de 12 años saben dónde conseguir estupefacientes ¿es concebible que lo ignoren autoridades empeñadas desde los tiempos de Richard Nixon en una “Guerra contra las Drogas”? Si fuera posible combatir narcotráfico con acorazados, los intrépidos navíos deberían internarse por el Misisipi, el Misuri, el Hudson, el Potomac, a practicable distancia de tiro de Wall Street y de la Casa Blanca. Ponerle aranceles a esta poderosísima industria sí salvaría la economía de Estados Unidos.
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Las fuerzas armadas norteñas se creen encargadas de liberar de drogas a todo el mundo, salvo a Estados Unidos. La servicial Wikipedia nos enseña que “desde 1910, los soldados del ejército de Estados Unidos apostados en el Canal de Panamá y en la expedición contra Pancho Villa comenzaron a usar cannabis”. También informa que “un reporte de 1971 del Departamento de Defensa de Estados Unidos sostiene que más de la mitad del Ejército de Estados Unidos había usado la droga”. John Steinbeck IV, hijo del novelista y reclutado para Vietnam, reveló que «el 75 por ciento de los soldados estadounidenses fuman marihuana» porque «hace los horrores de la guerra soportables». Noam Chomsky advierte que la lucha contra las drogas ha devenido excusa para invadir países como Panamá.
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Un Informe de la ONU certifica que Venezuela no produce drogas, que sus decomisos de sustancias ilícitas crecieron desde que expulsó a la DEA, y que el 78% de ellas ingresan a Estados Unidos por el Pacífico, a través de países ocupados por bases o efectivos militares estadounidenses: Perú, Ecuador, Colombia, Panamá.
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Según British Petroleum, la Agencia Internacional de la Energia y la Academia de Ciencias de la Federación Rusa, las reservas de energía fósil del mundo se agotarán en cuatro o cinco décadas. Venezuela dispone de la quinta parte de ellas; si una sola potencia las saquea, dominará el medio siglo venidero. Como en 1903, la defensa de nuestro país consiste en equilibrar las aspiraciones de los grandes poderes en beneficio de todos.
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En este sentido, la portavoz del Ministerio de Exteriores chino Mao Ning declaró que Pekín “se opone a cualquier acción que viole los propósitos y principios de la Carta de la ONU o infrinja la soberanía y seguridad de otros países”. Por lo cual “Nos oponemos al uso o la amenaza del uso de la fuerza en las relaciones internacionales y a que potencias externas interfieran en los asuntos internos de Venezuela bajo cualquier pretexto”. El viceministro de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Riabkov afirmó que “Naturalmente, examinaremos toda la situación creada por el incremento por Washington de sanciones ilegales e ilegítimas y los intentos de imponer un bloqueo (a Venezuela). Advertimos a Washington contra pasos imprudentes en este ámbito”. Celso Amorim, asesor presidencial, ex canciller y ex ministro de la Defensa de Brasil, expresó que “No puedo ocultar mi preocupación por el desplazamiento de buques estadounidenses y su manera de ver el tema. Creo que la no intervención es fundamental. La no intervención es uno de los principios fundamentales de la política exterior brasileña”. Y la Presidenta de México, Claudia Sheimbaum, exigió: “No al intervencionismo. Eso no solamente es convicción, sino que está en la Constitución (mexicana)”, Asimismo repudiaron las amenazas de invasión los países del ALBA, y el Presidente de Colombia Gustavo Petro, quien añadió que “el Cartel de los Soles no existe”.
De la firmeza con que tantos países defiendan sus convicciones depende la supervivencia de todos.