Olvidémonos un momento de la Piedra Filosofal que tanto buscaba el amigo Nicolás Flamel para convertir el plomo en oro. Eso es alquimia básica, eurocéntrica y aburrida. En estas latitudes, donde la realidad supera a la ficción (y a la medicación), hemos desarrollado una tecnología mucho más avanzada para la transmutación de la materia psíquica: La Guarapita Filosofal.
Sí, querido lector, siéntese en su silla ergonómica —o en el tobo volteado del patio— y hablemos de salud mental colectiva sin tanto eufemismo clínico y con más «sazón».
La psicología tradicional, esa que huele a consultorio cerrado y cobra en dólares por hora, insiste en que la salud mental es un proceso individual. Le dicen «gestión emocional», «Rebirthing» o «empoderamiento del yo». Pero seamos honestos: intentar estar «sano mentalmente» usted solo, aislado en su casa, mirando el techo mientras el mundo se cae a pedazos, no es salud, es una neurosis de mantenimiento.
Aquí es donde entra la Guarapita Filosofal como metáfora suprema de la intervención comunitaria.
Ojo, no estoy haciendo apología al consumo etílico desmedido (bueno, quizás un poco, pero con fines académicos). Me refiero al ritual. La guarapita no se bebe solo. Nadie se prepara un tobo de 20 litros para sentarse a ver Netflix. La guarapita es, ontológicamente, un llamado a la tribu.
Es un brebaje que exige la presencia del «Otro». Y en esa comunión, en ese pasamanos del vaso plástico recortado, ocurre el verdadero milagro terapéutico: la disolución del Yo sufrido en el Nosotros rumbero.
La «Cayapa»: El Antidepresivo Endógeno
Si revisamos los manuales diagnósticos (DSM-V y compañía), no encontraremos la «soledad» como enfermedad, pero deberían ponerla en negrita. El venezolano, en su sabiduría de sobreviviente experto, inventó la vacuna contra el aislamiento: La Cayapa.
La Cayapa es un factor de protección psicosocial mucho más potente que cualquier ansiolítico de marca. ¿Tienes un problema? ¿Se te cayó la pared? ¿Hay que limpiar el terreno? Hacemos una cayapa.
Desde la psicología social, esto es lo que llamamos «Afrontamiento Compartido». Cuando el problema se divide entre veinte, la angustia toca a menos por cabeza. Es matemática simple aplicada al drama humano. La cayapa convierte la tragedia individual en una épica colectiva. Ya no eres «la víctima», eres parte de un equipo de élite con botas y machetes (o instrumentos musicales).



