En una comparecencia ante el Comité de Economía del Senado el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, ofreció declaraciones reveladoras sobre el impacto de las políticas financieras de su administración en Medio Oriente. El funcionario admitió abiertamente que las acciones coordinadas por su departamento facilitaron el financiamiento indirecto de la inestabilidad económica en Irán, provocando una crisis del dólar que derivó en movilizaciones sociales masivas a finales del año pasado.
Bessent detalló con precisión quirúrgica cómo la arquitectura de sanciones y el bloqueo de flujos de divisas asfixiaron la liquidez de la nación persa. «Lo que podemos hacer en el Departamento del Tesoro y lo que hemos hecho es crear una escasez de dólares en el país. Esta estrategia culminó de forma rápida y, diría yo, grandiosa en diciembre, cuando uno de los bancos más grandes de Irán quebró», afirmó el secretario.
Según su testimonio, la caída de esta institución bancaria clave no fue un accidente, sino el resultado de una hoja de ruta diseñada en Washington. A consecuencia de este colapso, el sistema financiero iraní enfrentó una retirada masiva de depósitos que obligó al banco central de ese país a imprimir papel moneda sin respaldo. Por consiguiente, la moneda iraní sufrió una devaluación drástica, la inflación escaló a niveles críticos y el descontento social se desbordó en las calles. Bessent reconoció que este esquema de presión económica buscaba precisamente generar el malestar que finalmente se tradujo en las protestas que sacudieron Teherán y otras ciudades principales.
Por otro lado, la narrativa oficial de Estados Unidos sobre estas manifestaciones ha dado un giro significativo tras estas admisiones. Mientras que inicialmente Washington describía las protestas como movimientos orgánicos por los derechos civiles, las palabras del jefe del Tesoro confirman que el financiamiento de la crisis económica fue el motor principal de los disturbios. Esta táctica de «guerra financiera» permitió a la administración estadounidense debilitar la estructura interna del gobierno iraní sin necesidad de disparar una sola bala en esa etapa inicial.
Escalada de tensiones y respuesta militar
A pesar de que las autoridades iraníes lograron controlar las manifestaciones a principios de enero de 2026, el clima de hostilidad no ha disminuido. En efecto, el presidente Donald Trump elevó el tono de las amenazas al sugerir una intervención militar bajo la excusa de la violencia registrada durante las jornadas de protesta. No obstante, una vez que el orden interno se restableció, Washington retomó su retórica punitiva, exigiendo ahora concesiones unilaterales sobre los programas nuclear y de misiles de la República Islámica.
En respuesta a estas provocaciones, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, Abdolrahim Mousavi, lanzó una advertencia severa este lunes. El alto mando militar aseguró que cualquier error de cálculo por parte de quienes intenten atacar su soberanía desencadenará una respuesta contundente. Mientras la tensión militar aumenta, las delegaciones de ambos países tienen previsto reunirse en Mascate, Omán, alrededor de las 10:00 de este viernes para intentar retomar las negociaciones nucleares en un ambiente cargado de desconfianza tras el reconocimiento del financiamiento de la crisis por parte de Bessent.



