Al término de la oración del Ángelus, el Papa se detiene en los dolores del mundo sacudido por los conflictos, por la violencia que afecta a los niños y a quienes buscan esperanza y futuro. Su primer pensamiento se dirige a Ucrania, recordando que «se sigue sembrando muerte y destrucción» con ciudades afectadas por los bombardeos, entre ellas la propia capital, Kiev. Acciones en las que han muerto varias personas.
El Papa León invita a «no ceder a la indiferencia», sino a acercarse con la oración y con gestos de caridad.
Reitero con fuerza mi apremiante llamamiento a un alto el fuego inmediato y a un serio compromiso de diálogo. Es hora de que los responsables renuncien a la lógica de las armas y emprendan el camino de la negociación y la paz, con el apoyo de la comunidad internacional. La voz de las armas debe callar, mientras que debe alzarse la voz de la fraternidad y la justicia.
Una “tragedia mortal”
El Papa también hace referencia al naufragio del pasado 29 de agosto frente a la costa atlántica de Mauritania, en el que murieron más de 50 personas y otras 100 aun desaparecidas. La enésima tragedia marítima en el viaje de la esperanza hacia las Islas Canarias. Un suceso que nos interroga y que debería exhortarnos a acoger al extranjero.
Esta tragedia mortal se repite cada día en todo el mundo. Recemos para que el Señor nos enseñe, como individuos y como sociedad, a poner plenamente en práctica su palabra: «Fui forastero y me acogisteis» (Mt 25,35). Encomendamos a todos los heridos, desaparecidos y fallecidos, en todas partes, al abrazo amoroso de nuestro Salvador.
Cuidar la casa común
Al concluir la oración mariana, León XIV recuerda la cita de mañana, 1 de septiembre, en la que se celebra la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. “Hace diez años —afirma el Pontífice— el Papa Francisco, en sintonía con el patriarca ecuménico Bartolomé I, instituyó para la Iglesia católica este día. Es más importante y urgente que nunca y este año tiene como tema ‘Semillas de paz y esperanza’”.
Unidos a todos los cristianos, la celebramos y la prolongamos en el “Tiempo de la Creación” hasta el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís. En el espíritu del Cántico del hermano sol, compuesto por él hace 800 años, alabamos a Dios y renovamos nuestro compromiso de no estropear su don, sino de cuidar nuestra casa común.
Con versión Radio Vaticano