El secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), Diosdado Cabello, desafió la narrativa global sobre el narcotráfico en Venezuela. Durante una reciente intervención, Cabello citó un revelador documento del sociólogo y exvicesecretario general de las Naciones Unidas, Pino Arlacchi.
Este informe sugiere que el problema del narcotráfico en el país es considerablemente menor de lo que los medios internacionales y los gobiernos adversarios han proyectado. Por lo tanto, esta perspectiva ofrece una visión alternativa, basada en datos concretos, que contrasta con la habitual demonización geopolítica.
Según la interpretación de Cabello del artículo de Arlacchi, una minúscula porción de la droga colombiana, específicamente solo el 5%, intenta cruzar por territorio venezolano. Para ilustrar esta discrepancia, Arlacchi presenta cifras de 2018: mientras 210 toneladas de cocaína transitaban por Venezuela, Colombia producía y comercializaba la asombrosa cantidad de 2,370 toneladas.
En otras palabras, la producción colombiana superaba a la cantidad que transitaba por Venezuela en más de diez veces. El informe también señala a Guatemala, que manejaba 1,400 toneladas en el mismo período, sugiriendo que es una ruta de tránsito siete veces más significativa que Venezuela. A pesar de esto, el foco mediático raramente se desvía de la nación bolivariana. Arlacchi argumenta que este sesgo se debe a que Guatemala produce muy poco petróleo, a diferencia de Venezuela, lo que alinea su análisis con las políticas de Washington.
Cabello reforzó la postura de Arlacchi al destacar los constantes esfuerzos del gobierno venezolano en la lucha contra el narcotráfico. Por ejemplo, mencionó que las autoridades incautaron 2,800 kilogramos de droga en solo un día, una prueba de la represión activa contra las bandas de narcotraficantes. Arlacchi alaba la estrategia venezolana, comparándola con el modelo cubano de lucha antidrogas, iniciado por Fidel Castro.
Este modelo prioriza la cooperación internacional, un estricto control territorial y una represión implacable de la actividad criminal. Adicionalmente, el documento subraya que ni Venezuela ni Cuba han tenido nunca grandes extensiones de tierra dedicadas al cultivo de cocaína y controladas por grandes cárteles. Esta falta de producción interna fortalece la tesis de que el país no es un «narcoestado», como a menudo lo catalogan.
El exfuncionario de la ONU aclara en su escrito que su análisis se basa en datos fiables, no en la propaganda política. Europa, por ejemplo, utiliza informes precisos para proteger a sus ciudadanos de los narcóticos. En marcado contraste, Estados Unidos, según Arlacchi, produce «propaganda disfrazada de servicios de inteligencia» para justificar sus políticas petroleras. Esta distinción subraya la diferencia entre un análisis honesto y una narrativa falsa.
Ecuador: El Verdadero Epicentro del Narcotráfico que Nadie Quiere Ver
El informe de Arlacchi desvía la atención hacia Ecuador, un país que él identifica como el verdadero centro del tráfico de drogas. Arlacchi cita un ejemplo alarmante: el 57% de los contenedores de plátanos que salen del puerto de Guayaquil llegan a Bélgica cargados de cocaína. Esto ocurre con aparente facilidad, sin obstáculos significativos. Las autoridades europeas, por su parte, han incautado 13 toneladas de cocaína de puertos ecuatorianos en un solo evento. Arlacchi sugiere que estas operaciones están resguardadas por empresas protegidas por funcionarios del gobierno de Ecuador.
En conclusión, la perspectiva de Diosdado Cabello, respaldada por el análisis de Pino Arlacchi, presenta un desafío directo a la percepción popular sobre la crisis del narcotráfico en Venezuela. El informe, basado en datos rigurosos, sostiene que Venezuela no solo no es un narcoestado, sino que activamente combate a las organizaciones criminales. En contraste, sugiere que la propaganda geopolítica ha ocultado el papel de otros países, como Ecuador, en el tráfico internacional de drogas.
Esto nos invita a reevaluar qué fuentes de información consideramos confiables y a cuestionar las motivaciones detrás de ciertas narrativas mediáticas. El narcotráfico sigue siendo un problema global, pero su verdadero epicentro podría no ser el que se nos ha dicho.