El panorama geopolítico en el norte de Sudamérica experimenta una sacudida imprevista tras las recientes declaraciones del gobierno guyanés. La tensión entre Guyana y los Estados Unidos escaló este fin de semana, luego de que surgieran reportes sobre un posible cambio de postura en la Casa Blanca bajo la administración de Donald Trump.
Los analistas sugieren que Washington podría presionar por una resolución amistosa de la controversia territorial sobre el Esequibo, con el fin de estabilizar el flujo energético en el Caribe. En primer lugar, el gobierno de Guyana ha dejado clara su posición frente a cualquier sugerencia de concesión territorial. El presidente Irfaan Ali descartó este sábado que Guyana ceda ante cualquier posible demanda de Estados Unidos para resolver amistosamente la controversia fronteriza con Venezuela.
Ali enfatizó que su administración no negociará la soberanía de los 159.500 kilómetros cuadrados que integran el territorio Esequibo. Por el contrario, el mandatario reafirmó que la ruta legal ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sigue siendo la única vía aceptable para su país.
«Mi prioridad es la seguridad del pueblo guyanés y la integridad de nuestras fronteras», afirmó el mandatario con firmeza. De este modo, Guyana busca proyectar una imagen de independencia frente a su principal aliado estratégico y militar. Ali subrayó que «nuestra integridad territorial y nuestra soberanía y nada en esa relación jamás será comprometido». Estas palabras surgieron cuando los periodistas solicitaron su comentario sobre el aparente expansionismo de Estados Unidos en el Caribe, una tendencia que podría llevar a Washington a pedir que la tensión fronteriza entre Guyana y Venezuela se resuelva amistosamente y que se le dé algo de espacio a Venezuela.
El factor energético y la administración Trump
Por otra parte, el trasfondo de esta fricción reside en el control de los vastos recursos petrolíferos del bloque Stabroek. Aunque Estados Unidos no ha hecho un llamado formal, analistas consideran que la administración de Trump podría impulsar un acuerdo entre Guyana y Venezuela para asegurar el acceso irrestricto a las zonas petroleras del Esequibo. En consecuencia, un pacto que involucre a Caracas permitiría a las empresas estadounidenses operar con menores riesgos geopolíticos y sanciones, facilitando una mayor extracción de crudo en la zona en reclamación.
No obstante, esta posibilidad choca frontalmente con la narrativa de defensa nacional que Irfaan Ali ha construido. Asimismo, la presencia de grandes corporaciones como ExxonMobil en aguas territoriales guayanesas complica la tensión ante cualquier intento de rediseñar las fronteras o las jurisdicciones económicas. Ciertamente, el gobierno guyanés teme que un acercamiento pragmático entre Washington y el Palacio de Miraflores deje a Georgetown en una posición de vulnerabilidad diplomática.



