Cómo venezolano y como patriota no tengo un deseo más poderoso en este momento que reivindicar y ejercer nuestra soberanía con la fuerza de nuestra historia, la constitución y nuestros sueños, al tiempo de rescatar como pueblo, liberados, a Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela y a Cilia Flores como la primera combatiente. ¡Venezuela merece la dignidad de la República, el respeto como Estado y el sitial de honor que nuestra historia sustenta!
Frente a esa circunstancia y lucha, todos tenemos el histórico deber de resguardar la República y pararnos firmes frente a la mujer venezolana, patriota, estadista probada en la responsabilidades más altas del Estado e hija de un mártir socialista, que asume hoy la presidencia de la República. Y sumar en esta compleja coyuntura todo nuestro esfuerzo y capacidad para levantar las banderas de la dignidad patria, la organización popular, la soberanía nacional, la estabilidad política, la gobernabilidad y el desarrollo económico.
Delcy Rodríguez Gómez asume está posición, no por una casualidad, la presidenta encargada, está ahí porque así lo decidió el presidente Nicolás Maduro desde el día que la nombró su vicepresidenta ejecutiva, su canciller de la dignidad, su vicepresidenta para el sector económico, su responsable para dirigir la industria petrolera, su paladín contra las sanciones y desde que recibió en sus manos la réplica de la espada de El Libertador como defensora de la patria.
Hay que decir también que no se trata únicamente de una designación administrativa, sino de las razones que la sustentan; se trata del perfil político, de las condiciones que ella reúne como estadista. Delcy Rodríguez Gómez, en el terreno internacional, ha gestionado con maestría la diplomacia y las relaciones económicas. En el escenario nacional, ha logrado en las circunstancias más difíciles (afrontando medidas coercitivas unilaterales y conspiraciones) gestionar el funcionamiento de un sistema de gobierno y la administración de los recursos del Estado, logrando un liderazgo en base al trabajo, la visión técnica acertada, la inteligencia, la lealtad a la patria y la moral.
Esta abogada de 56 años es hija de Jorge Rodríguez, quien fue uno de los dirigentes socialistas más importantes de Venezuela en el siglo XX y que fue asesinado bajo custodia policial por órdenes de la CIA. Delcy Rodríguez estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela con la firme convicción de hacer justicia a su padre y continuó con estudios de Derecho Laboral y Sindical en Francia. Es conocedora no sólo de idiomas, sino también de la cultura occidental y desde ahí se ha convertido en un puente poderoso hacia oriente, relacionándose con los líderes más importantes del mundo, en países como Rusia, Turquía, Brasil, la India y China.
Nuestra presidenta encargada también ha sido diplomática y en el momento en el que la patria ameritó imponer la paz frente al fascismo desbordado de la derecha venezolana, ella fue designada para llevar las riendas de la Asamblea Nacional Constituyentes del 2017. De tal forma que sabe muy bien cuáles son las tendencias y cuáles aspiraciones de las fuerzas vivas de la República en términos políticos. En este escenario esta experiencia será fundamental para el país y su unidad.
La coyuntura que hoy vivimos nos obliga a asumir un nuevo tiempo político de resistencia, a quitarnos la pistola que Trump nos puso en la cabeza y deja en jaque al orden mundial ¿Cuál será la respuesta de países como China, Rusia o Brasil en el escenario práctico? Es lo que está por verse, pues no es un asunto únicamente nacional no un asunto a resolver en tres días. Venezuela, en medio del huracán geopolítico, navega por aguas en extremo turbulentas, que pondrán a prueba las bases mismas de su existencia. Estamos en un escenario en el que se define nuestra soberanía y la capacidad que tenemos de ser resilientes sin abandonar a Bolívar; para establecer rutas para el desarrollo sin hundirnos cómo una estrella más en la bandera yankee; vivimos tiempos donde hay que poner en práctica todo lo aprendido con Chávez y Maduro al tiempo que alzamos la vista para determinar estrategias que se adapten a las dinámicas de nuestro siglo, poniéndonos en la vanguardia, no únicamente de lo político, sino también de lo económico, lo académico y lo tecnológico. Venezuela requiere hoy del concurso de nuestros mejores esfuerzos para ejercer con pasión, consciencia y profesionalismo las responsabilidades que tenemos en cada espacio de cara a la historia y de nuestra descendencia, en la comuna, en las instituciones del Estado, en el campo y en las fábricas.
El gobierno de Donald Trump ejerce el monroismo con pistola en mano y con ello ha cometido las peores atrocidades contra el derecho internacional y la paz. Secuestrando al presidente busca también secuestrar la república y nuestro proyecto nacional. Pretende hacer a América grande de nuevorompiendo con el multilateralismo e intentando expoliar descaradamente la mayor reserva de petróleo del planeta… sin embargo, frente a la agonía del modelo civilizatorio imperante, Venezuela debe convertirse en un gigante bumerang, pues hay que transformar este acontecimiento en el Rubicón de los pueblos y así construir un nuevo escenario de lucha, más definitivo, en torno a la consolidación de un nuevo orden mundial y de nuestro proyecto histórico. Sabemos el papel estratégico de nuestro país en el escenario global, es cierto que nos han golpeado, pero la perspectiva que tenemos del mundo es más grande que este golpe, del cuál nos recuperaremos no solo como país sino como revolución. No será a través de una guerra, pero sí a través de la capacidad del chavismo de gobernar, de ejercer las relaciones económicas con soberanía y mantener una poderosa estructura político-social para sostener nuestras utopías.
Nuestra dirigencia política, fiel al mandato del presidente ha preservado la paz, es evidentemente que eso implica cruzar una senda de sacrificios. Debemos asumir con madurez y pragmatismo un escenario donde la declaración que dió origen a esta primera etapa revolucionaria del siglo XXI toma una vigencia meridiana, el por ahora, “es tiempo de evitar más derramamiento de sangre (…) vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”. Avancemos entonces con toda la fuerza de la constitución; construyamos, chavistamente, las condiciones para ver germinar ese destino mejor sin obviar nunca que “Estados Unidos parece destinado por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Frente a esta circunstancia histórica debemos fundar una épica de unidad, justicia, renovación, solidaridad y desarrollo, dónde todo el pueblo venezolano, con vocación patriota y con consciencia del momento histórico, diga con contundencia y constitución en mano “A la orden presidenta (E)”.
La historia no ha acabado.



