La Directora de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, sacudió los cimientos de la narrativa bélica de la Casa Blanca durante su reciente comparecencia ante el Congreso. En un testimonio escrito entregado al Comité de Inteligencia del Senado, la funcionaria afirmó categóricamente que Teherán no estaba produciendo armamento atómico antes de las intervenciones militares de 2025.
Según la evaluación técnica de las agencias estadounidenses, el país persa no se encontraba en un proceso de reconstrucción de su poder nuclear tras los ataques conjuntos ejecutados por Washington e Israel, lo que contradice directamente los argumentos utilizados para justificar la escalada bélica actual.
Gabbard detalló en su informe que la denominada “Operación Martillo de Medianoche” logró aniquilar el programa de enriquecimiento nuclear iraní de manera total. En consecuencia, el sistema de inteligencia no detectó esfuerzos posteriores por parte del gobierno de Teherán para intentar recuperar su capacidad de procesamiento de uranio. A pesar de la contundencia de estos datos, la directora omitió leer esta sección específica durante su declaración oral televisada. Al ser consultada sobre esta exclusión, Gabbard alegó razones de tiempo, una explicación que generó suspicacias inmediatas entre los legisladores presentes.
Controversia en el Senado y el factor Trump
Por su parte, el senador demócrata Mark Warner reaccionó con dureza ante la omisión de la funcionaria. Warner acusó a Gabbard de ocultar deliberadamente las partes del informe que contradicen la postura del presidente Trump. El legislador recordó que la guerra iniciada el 28 de febrero busca impedir que Irán fabrique una ojiva nuclear. Sin embargo, los datos de inteligencia sugieren que esa amenaza no existía.
Además, esta revelación pone en entredicho meses de retórica oficial. Durante medio año, los funcionarios de la administración citaron las “ambiciones nucleares” como la razón central para abandonar la diplomacia y emprender acciones de fuerza. Es fundamental entender que el concepto de “amenaza inminente” resulta clave para el derecho internacional y la legislación interna. Si Irán no estaba produciendo armas nucleares, la administración carecería de la justificación legal necesaria para mantener una campaña militar prolongada sin una autorización explícita y honesta del Congreso.
Por otro lado, voces expertas como la de Joe Kent, exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo, refuerzan la tesis de la inexistencia del programa bélico. Kent, quien dimitió recientemente de su cargo, aseguró que Irán nunca estuvo cerca de lograr una bomba debido a un «fallo religioso» vigente desde 2004 que prohíbe el desarrollo de armas de destrucción masiva. Según el exfuncionario, la inteligencia estadounidense sabía que la información proporcionada por Israel sobre el peligro nuclear iraní simplemente no era cierta. En este sentido, la causa de la guerra parece alejarse de la seguridad nacional y acercarse a intereses geopolíticos menos transparentes.
Finalmente, el panorama descrito por Gabbard ofrece una visión mucho más sobria que el discurso triunfalista de la Casa Blanca. El presidente Trump afirmó que la capacidad militar iraní está «funcionalmente destruida», pero la inteligencia advierte que Teherán sigue intacto. La funcionaria destacó que, aunque Irán no produce material para armas nucleares, la guerra se extiende sin una justificación coherente, entre influencia regional y capacidades balísticas.



