La 68.ª edición de los Premios Grammy transformó la celebración de la música en un estrado de resistencia política y social. Durante la gala celebrada diversas figuras de la industria alzaron su voz para condenar las tácticas de control migratorio en Estados Unidos. El centro de las críticas recayó sobre el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), cuyas recientes intervenciones violentas en Mineápolis desataron una ola de indignación global. Los asistentes calificaron las acciones de la agencia como un ejercicio de terrorismo institucional que vulnera los derechos humanos de la comunidad migrante y afroamericana.
El artista puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido popularmente como Bad Bunny, sacudió el auditorio al recibir el gramófono al Mejor Álbum de Música Urbana por su disco «Debí Tirar más Fotos». En lugar de iniciar con los agradecimientos habituales, el boricua lanzó un mensaje directo y contundente. «Antes de decir gracias a Dios, voy a decir fuera ICE», exclamó el cantante ante una audiencia que respondió con una ovación de pie. Con estas palabras, Bad Bunny encabezó un movimiento de repulsa contra las redadas que recientemente cobraron la vida de dos manifestantes a manos de agentes federales.
Además de su rechazo inicial, el artista profundizó en la necesidad de un cambio estructural en el trato hacia los inmigrantes. El puertorriqueño señaló con firmeza que el odio «solo genera más odio» y subrayó que «lo único más poderoso que el odio es el amor». De igual manera, hizo un llamado a la empatía y a la diferenciación humana frente a la retórica de deshumanización que promueven ciertos sectores políticos.
«No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens, somos humanos y somos americanos», alegó Ocasio, reafirmando la identidad y dignidad de quienes habitan el continente.
Por otro lado, la atmósfera de confrontación contra lo que muchos consideran un sistema de terrorismo de Estado se extendió a otros ganadores de la noche. La administración actual ha intensificado las operaciones del ICE en estados de tendencia demócrata, lo que ha provocado denuncias por represión migratoria extrema. Los testimonios y videos que circulan en redes sociales muestran arrestos violentos y ataques contra manifestantes pacíficos. En consecuencia, los artistas utilizaron el alcance global de los Grammy para visibilizar que estas muertes no ocurrieron en defensa propia, como alegan las autoridades, sino como resultado de una agresión desmedida.
En sintonía con este sentimiento, otras celebridades convirtieron la alfombra roja y el escenario en un espacio de activismo puro. Bajo el lema «ICE OUT», figuras como Kehlani, Jason Isbell, Margo Price y el matrimonio formado por Justin y Hailey Bieber portaron prendedores y prendas diseñadas por organizaciones civiles. Estas insignias simbolizan el rechazo absoluto a la presencia de agentes federales en las ciudades tras los incidentes sangrientos en Mineápolis. De este modo, la moda y la música convergieron para exigir el cese de las hostilidades contra la población civil.
Asimismo, Billie Eilish, quien triunfó en la categoría de Canción del Año, utilizó su tiempo en el podio para recordar la historia del territorio estadounidense. La joven estrella destacó con sobriedad que «nadie es ilegal en tierra robada», una frase que resonó en todo el recinto. Eilish admitió que, aunque resulta difícil encontrar las palabras exactas en momentos de crisis, mantiene la esperanza en el poder de la movilización colectiva.
«Tenemos que seguir luchando, alzando la voz y protestando, porque nuestras voces de verdad importan; las personas importan», añadió la intérprete conmovida.
Finalmente, la industria musical dejó claro que no ignorará la violencia sistemática que afecta a sus comunidades. Los artistas presentes denunciaron que la justificación de la seguridad nacional no puede encubrir actos de brutalidad ni el terrorismo que sufren las familias separadas por las redadas. La gala número 68 de los Grammy no solo premió la excelencia artística, sino que marcó un precedente sobre el compromiso político de los ídolos globales frente a la injusticia racial y migratoria en el siglo XXI.



