Nicanor Cifuentes trajo esperanza en el día largo de Venezuela

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Nica, el pesebrero mayor, se escondió en una casita hecha con hebras y palitos, convertido en el centro materno emergente para la María, el José  y el pequeño Jesús que envuelto en trapitos, siendo ellos mismos de trapo, guardaban silencio cómplice, junto al recién llegado que había entrado a hurtadillas.

Los cuatro, más una oveja, un burrito sabanero y una estrella, veían sonrientes a quienes fueron llegando al Pesebre de Canchancha.

El Nicanor tercero, el amado hijo que asume la gestualidad del padre -jugando al escondido en su gigantesco pesebre-, recordaba y veía en los rostros amigos, la esencia misma de su naturaleza bondadosa, gozosa,  consustanciada con las enternecidas miradas de artistas plásticos, poetas, escritores, actores, titiriteros, escultores, artesanos, periodistas,  fotógrafos, antropólogos, sociólogos, biólogos,  pescadores, bodegueros, arquitectos, ingenieros, limpiabotas, cepillaeros, gaiteros y palabreros; porque todos estuvieron.

«¿Tenían que venir los Herodes, para recordarnos que el Niño  Jesús  era Palestino?, tal vez -comentaría de entrada Nicanor Cifuentes  Gil-, ¿tenían que venir los misiles para recordarnos que somos sagrada familia y que nos merecemos la Paz para ser?, tal vez…».

… Y en una oración hermosa, afloraría la palabra, como si de un bonito rocío se tratara:

«La mejor manera, la más mística y poética que se quiera, para entender  68 años de pesebrería en este patio, son ustedes. Los que convocados por la fe, por la necesidad,  por la incertidumbre de estas horas del día más largo de nuestra historia republicana, de un sábado 3 de enero que no se ha acabado y que sabemos como acabarlo: con Justicia planetaria».

Fue un encuentro de profunda reflexión sobre la obra de Nicanor Cifuentes, pero más allá, el amado artista, convocó  a las gentes para que juntos pasearan las almas, venciendo las incertidumbres.

Los poetas leyeron sus poemas, los músicos tocaron sus guitarras y elevaron la  poesía al cielo de Maracaibo, en ese sábado tan largo, tan largo, que aun no ha culminado.

El profundo amor que se respiró en el homenaje que el Zulia cultural, le rindió al Pesebrero Mayor, fue la reunión de la oración silenciosa por la paz,  y fue la voz serena de la esperanza, golpeando hombros y espaldas, dando el ánimo necesario, para seguir avanzando.

Nica, asentía,  con una lágrima de ternura, recorriendo la ahora tersa mejilla, sentado ahí, en su pesebrito, junto a Maria, José y el Niño Jesús de trapo…

Fotos y video: Nelson Sánchez

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