Hace 30 años se forjaba una rebelión en los cuarteles, el fuego en el pecho que se tiene cuando se es joven, sirvió para levantar las esperanzas de un pueblo. Mientras en los patios, las canchas, las escuelas y las maternidades, se gestaba una generación que se forjaría al calor de una revolución con Chávez como maestro y guía, que hoy en Nicolás Maduro consigue un líder, un hermano de clase, que la exalta su protagonismo en el discurso y la acción.

Hoy más que nunca, las contradicciones se avivan, al punto de presentarse dos juventudes en disputa: una que defiende los intereses imperialistas, de la clase económica que dominó el país durante 40 años y buscan el retroceso de los logros del pueblo y otra, la bolivariana y chavista, que busca profundizar los mecanismos de transformación necesaria en Venezuela, una juventud latinoamericanista y profundamente antiimperialista.


El día de la juventud en Venezuela no debe ser solo un día de conmemoración de la Batalla de La Victoria, es por sobre todo un recordatorio de la lucha inagotable por la independencia, la que nos llevó a derrotar al imperio español y que hoy nos pone frente  al imperio más grande en la historia de la humanidad, el imperio de los EE.UU.

  • Frente al bloqueo mayor organización.
  • Frente a las amenazas mayor formación.
  • Frente al asedio mayor movilización.

Luchar contra esta nueva arremetida, es dar la cara a los problemas diarios de la gente, hoy la juventud bolivariana se encuentra en las calles, porque nunca ha regresado de ella, los seminaristas jóvenes que acompañaron a José Félix Ribas somos hoy los millones de patriotas que no estamos dispuestos a entregar nuestro suelo sagrado.

La victoria es hoy.


 

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