Trump no encuentra qué hacer hoy con Guaidó, el autoproclamado presidente interino de Venezuela, pelele lacayo al que impusieron la misión de destruir la Revolución Bolivariana. Lo compraron con dinero sucio del mercado negro con el que EEUU compra los judas que traicionan a sus pueblos y caínes que asesinan a sus hermanos, como lo hace Duque en Colombia, Piñera en Chile, Moreno en Ecuador y demás vasallos imperiales de la región.

Y es que este traidor y Ladrón de Siete Suelas, junto con el resto de los corruptos miembros de su etéreo gobierno, le jugaron sucio al magnate millonario convertido al presidente yanqui, ya que en vez de cumplir la tarea que les encomendó, se dedicaron a robar y gastar en drogas, licor, bacanales y prostitutas los millones recaudados en el Concierto de la Paz y la mercancía que le fue entregada en Cúcuta, fachada bajo la cual se ocultaba la invasión que EEUU planificaba contra Venezuela.

Además, se repartieron como un pastel 1.300 millones de dólares producto del despojo de Citgo y otras empresas del Estado venezolano filiales de Pdvsa, y Trump, aún sabiendo que se trata de unos corruptos, los mantiene y protege pensando ingenuamente usarlos como punta de lanza política en una eventual intervención militar al país, ignorando que de darse ésta, esos cobardes serían los primeros en huir en desbandada.

De allí que en medio de su obsesivo y demencial afán por destruir el inédito y pacífico proyecto político e ideológico del supremo y eterno comandante, envió a Mike Pompeo, su sicario, a “pasear” al autoproclamado como se hace con un Perro faldero, por Bogotá, Londres, Bruselas y Davos, pensando revivir a ese más que insepulto cadáver político.

Así que para mitigar la vergüenza y humillación sufrida en Europa lo designó invitado especial y representante de la corte de lacayos de Estados vasallos latinoamericanos y caribeños miembros de la OEA y del Clan de Lima, a escuchar en Washington su Mensaje a la Nación, discurso plagado de mentiras y calumnias contra Nicolás Maduro, reconocido por los pueblos dignos del planeta como el legítimo y único presidente constitucional de Venezuela.

Mientras, el autoproclamado, quien se jacta de llamarse intocable por ser el elegido de Trump, sabe que tiene un pie en la cárcel, porque como dijo Horacio hace más de 2.000 años: “La justicia, aunque anda cojeando, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera”.

Hernán Mena Cifuentes

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