La estrategia de 2019 para legitimar la “presidencia” de Juan Guaidó, sin duda se centró en Latinoamérica, donde los gobiernos de derecha y su club social (Grupo de Lima) hicieron lo propio, siguiendo las instrucciones de Estados Unidos (EE.UU.) para tratar de desestabilizar Venezuela; pero como todos saben, poco se puede esperar de una manada de incompetentes que han sido incapaces de gobernar dignamente sus países y cuyo único logro es la recurrente traición al mandato de sus pueblos.

La falta de resultados obligó a doblar la apuesta y a buscar apoyo en otros países que pudiesen resultar más intimidantes, por su historial belicista y por sus excelentes poses de gobiernos apegados al “Estado de bienestar”, que igual dejan mucho que desear pero que viniendo de gente anglosajona, no se ve tan mal (en su lógica, claro).

Lo cierto es que la “gira” o el tour del autoproclamado este 2020, casi resulta perfecta, de no ser por las reuniones con los poco célebres fascistas de VOX en España y por la negativa del gobierno “progre” de ese país de recibir al Juan con bombos y platillos, lo demás es más de lo mismo. Aquí lo que resulta increíble, es el poco tino de los asesores de Guaidó, quienes no disimularon la urgencia que tenían de sacarlo del país en vísperas del 23 enero y en plena pelea de perros a lo interno de la oposición, dejando ver que estos supuestos actos político parecen más un grito desesperado de auxilio (comunicacional y financiero) que otra cosa.

La guinda del pastel

El boom mediático de la “gira” de Guaidó, se agotó sin ningún saldo político u organizativo para la oposición. Voluntad popular y Primero Justicia se desmoronan, Guaidó hizo que su gente se enardeciera cuando afirmó que Cuba, era parte de la solución de los problemas actuales de Venezuela, la Asamblea de los Palos Grandes se divide (nuevamente) por la plata de unos fondos de litigio que se inventaron iniciando así una nueva repartición del gran pastel (CITGO-PDVSA) y para rematar la golpiza, Colombia termina reafirmando el liderazgo y el control político de Maduro como presidente, al reconocer la nulidad de Juan Guaidó para ejecutar un simple acto administrativo, como lo es una extradición de una prófuga de la justicia colombiana.

El impacto traspasa nuestras fronteras, no solo por la inversión de tiempo y dinero sino por costo político y moral de las derrotas. Las derechas latinoamericanas encabezadas por los Estados Unidos no han podido dar en el clavo para derrocar a Nicolás Maduro y mucho menos han podido posicionar la imagen de Guaidó como figura de “Poder”, por el contrario, los últimos acontecimientos sólo han demostrado quien realmente ostenta el poder real en Venezuela: El Chavismo.

 

DEJA UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here