Este lunes 27 de Enero se conmemoran 75 años de la liberación de Auschwitz, por parte de los soldados del Ejército Rojo de la Unión Soviética. Delegaciones de cerca de 50 países y unos 2.000 sobrevivientes del Holocausto, de todo el mundo, rendirán homenaje a los más de 1,1 millones de víctimas, principalmente judíos.

El campo, que resultó el mayor centro de exterminio del régimen de Adolf Hitler, fue construido en 1940 en la Polonia ocupada, recluyó inicialmente a líderes políticos, miembros de la resistencia pero, luego, se convirtió en parte del plan nazi para el exterminio de los judíos.

Desde mediados de 1942, los nazis habían deportado sistemáticamente a los judíos de toda Europa a seis grandes campos de exterminio: Auschwitz-Birkenau, Belzec, Chelmno, Majdanek, Sobibor y Treblinka.


Ideología Nazi

Los elementos fundamentales de la ideología nazi eran: odio al comunismo, a los judíos y la democracia, así como la convicción de superioridad del pueblo alemán sobre los demás. Con vistas a crear una sociedad “racialmente pura”, los nazis alemanes planearon el exterminio de los judíos, al igual que el de los eslavos, romaníes (gitanos) y otros.

Uno de los motivos de la agresión alemana y del inicio de la Segunda Guerra Mundial fue la aspiración de la Alemania nazi de conseguir nuevos territorios en los que se pretendía asentar la población alemana. En noviembre de 1937 Adolf Hitler, caudillo del Reich alemán y creador del partido nazi (NSDAP), que subió al poder en Alemania en 1933, describió sus planes del siguiente modo: “En nuestro caso no se trata de la conquista de pueblos, sino simplemente de la conquista de territorios aptos para la agricultura”.

En la Convención del partido nazi en Núremberg en 1937, durante el saludo de los miembros de la juventud Hitleriana a Adolf Hitler, éste afirmó, entre otras cosas, “cultivamos una juventud ante la que temblará todo el mundo. Quiero una juventud que sea capaz de ejercer la violencia, que sea autoritaria, inflexible, cruel”.


Campos de concentración Nazis

Los campos de concentración fueron construidos en Alemania desde 1933. Se encarcelaron en ellos a los oponentes políticos al régimen nazi, a la gente considerada como “elementos indeseables” y a los judíos. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Alemania empezó a instalar esos campos en sus territorios ocupados. Konzentrationslager (KL) Auschwitz, así como otros campos de concentración nazis, fue una institución estatal administrada por las autoridades centrales del estado alemán. Fue dirigido directamente por la Oficina Central Económico-Administrativa de las SS (WVHA), mientras que de la deportación de gente al campo y su exterminio se encargó la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA).


Fundación de Auschwitz

Un reportaje de la BBC, manifiesta que el campo de concentración alemán nazi Auschwitz se ha convertido para el mundo en el símbolo del Holocausto, genocidio y terror. Fue construido por los alemanes a mediados de 1940 en las afueras de Oświęcim, ciudad polaca que había sido anexada por los nazis al Tercer Reich. La ciudad adquirió el nombre alemán de “Auschwitz”, que se convirtió también en la denominación del campo: Konzentrationslager Auschwitz. La entrada de Auschwitz les enseñaba un mensaje cínico a los presos: “El trabajo os hará libres”.

El motivo directo de la apertura del campo fue el creciente número de polacos arrestados por la policía alemana y su correspondiente hacinamiento en las cárceles. Al principio, debía tratarse de otro campo más de concentración de los muchos construidos dentro del sistema de terror nazi, iniciado a principios de los años treinta. Esta función la cumplió el campo durante todo su periodo de funcionamiento, incluso cuando, a partir de 1942, empezó a convertirse progresivamente en el mayor centro de exterminio masivo de judíos.

Todos los campos y subcampos del complejo Auschwitz fueron aislados del mundo exterior por los alemanes, rodeándolos de torres de vigilancia y alambre de espino, y todo contacto de los prisioneros con el mundo exterior estaba prohibido.

De entre más del millón de personas deportadas al campo Auschwitz, se registró y se internó en el campo a aproximadamente 400.000 personas, de las cuales unas 200.000 fueron judías, unas 150.000 polacas, unas 23.000 romaníes (gitanos), unos 15.000 prisioneros de guerra soviéticos, así como 25.000 prisioneros de otras nacionalidades. Más del 50% de ellos murió de hambre, por exceso de trabajo, por el enloquecedor terror, en ejecuciones y también como efecto de las aniquiladoras condiciones de existencia, enfermedades y epidemias, castigos, torturas y criminales experimentos médicos. Los alemanes transportaron a cerca de 200.000 prisioneros a otros campos de concentración, donde gran parte de ellos murió. En el momento de la liberación del campo se encontraron en él a unas 7.000 personas.

A partir de 1942, el campo empezó a cumplir una segunda función: Ya no solo es una válvula de escape para el hacinamiento carcelario, también se convierte en el centro de exterminio judeo-europeo por excelencia. Murieron como consecuencia de su origen étnico, independientemente de su edad, sexo, profesión, nacionalidad o convicciones políticas. Tras la selección se asesinaba en las cámaras de gas a la mayoría de las personas ingresadas en el campo, consideradas por los médicos como no aptos para trabajar; se trataba de personas enfermas, ancianos, mujeres embarazadas y niños. Estas personas no eran incluidas en los registros del campo, es decir, no se les asignaba ningún número ni se registraban.


Liberación

A finales de 1944 ante la aproximación de la ofensiva del Ejército Rojo, las autoridades del campo se dedicaron a la tarea de borrar las huellas de sus crímenes. Destruyeron documentos, algunos edificios se derribaron y otros se quemaron o se volaron por los aires. Los prisioneros capaces de marchar fueron evacuados entre los días 17-21 de enero de 1945 hacia el interior del Tercer Reich, en el momento en que los soldados soviéticos se encontraban a apenas 60 km de distancia, liberando Cracovia. Alrededor de 7.000 prisioneros, que fueron abandonados por los alemanes en el campo, fueron liberados por los soldados del Ejército Rojo el 27 de enero de 1945.


Víctimas de Auschwitz

Además de los judíos, polacos, romaníes y prisioneros de guerra soviéticos, los nazis internaron en el campo al menos a 7.000 checos, 6.000 bielorrusos, 4.000 franceses, 2.500 alemanes y austriacos, 1.500 rusos, 800 eslovenos y 600 ucranianos; en números menores (que van de varios a varias decenas) al campo llegaron prisioneros de prácticamente todos los países de Europa.

El lugar fue escenario de torturas, trabajos forzados, deshumanización sistemática, ejecuciones y muerte en masa en cámaras de gas. Aquella dramática historia fue consecuencia de pensamientos segregacionistas tales como:

“Los judíos son una raza que debe ser totalmente aniquilada”. Hans Frank, Gobernador General de la Polonia ocupada.

“Debemos liberar a la nación alemana de Polacos, Rusos, Judíos y Gitanos”. Otto Thierack, ministro de justicia del III Reich.

“El objetivo más importante es descubrir a todos los dirigentes Polacos, (…) para que sea posible neutralizarlos. (…) Todos los profesionales de origen Polaco serán explotados por nuestra industria militar. Y después todos los Polacos desaparecerán de la faz de la Tierra”. Heinrich Himmler, Reichsfürher SS.


En la actualidad, persiste el racismo, xenofobia, discriminación y formas conexas de intolerancia y prejuicio en todo el mundo. Pese a los avances, en EE.UU. ocurre ataques a personas afrodescendientes debido a segregación racial, en Europa manifestaciones de xenofobia por los refugiados provenientes del mundo árabe.

Hoy, a propósito del Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto. La odiosa conspiración segregacionista ha vuelto a recorrer las naciones de la tierra. Hoy, más que en ningún otro momento de la historia (al menos después del cese de la II Guerra Mundial) movimientos fascistas, supremacistas y de extrema derecha, intentan vender al mundo, no solo el derecho a ejercer el odio como modelo político y social, sino a considerar esta la única vía para una sociedad desarrollada. Como se comprenderá, la paz, la tolerancia, la cooperación y el amor, no forman parte de esta receta. La debilidad de los postulados progresistas (muchas veces a causa de la profunda ineficiencia de las instituciones y procesos) ha dejado abierta una puerta, por la que se han colado, peligrosamente, estas nuevas manifestaciones.

“La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto me es precioso en este mundo”, escribía Simón Bolívar a Francisco De Paula Santander el 23 de junio de 1820.

 

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