Ya era preocupante el que Juan Guaidó coincidiera con Mike Pompeo en esta nueva travesía hacia lo irracional que ellos han llamado: “Cumbre contra el terrorismo”. La osadía en el asunto es de alto nivel. ¿Por qué radicar en Colombia un foro contra el terrorismo, en lugar de hacerlo en un ámbito geopolítico más apropiado?

Diosdado Cabello, pontificaba con sabiduría esta tarde, que esta reunión debería llamarse “Cumbre de Terroristas” y atina al blanco en todo el medio de la diana.

 

Juan Guaidó, con una popularidad en caída libre desde hace meses, enredado en una fabulosa trama de corrupción internacional, y con un repudio cada vez mayor entre propios y ajenos, es el nuevo ensayo de los tanques pensantes. Guaidó en sí mismo, es un desafío para los estrategas del Departamento de Estado.

Sabido por todos es el hecho de que sus torpezas y desaforada ambición monetaria, lo han reducido al mínimo. Lo han expuesto ante el mundo como un individuo de poca monta, una especie de entelequia cuyo discurso no va a parar a ninguna parte, en ningún lugar. Y que ha ido de derrota en derrota, dando vueltas en círculos de manera bufa y humillante.

Así, las cosas se ponen difíciles para los amigos de Guaidó en Washington, que no encuentran argumentos para sostener más tiempo al hombrecito en su temporal y muy relativo “poder”.

Curiosamente en diciembre del año pasado, Pompeo había dicho que la intervención militar estaba totalmente descartada en Venezuela y que la salida debía ser pacífica y democrática. Esta declaración abrió una serie de acciones dentro de la administración de Donald Trump, que ha producido cualquier tipo de especulaciones, sobre si el gobierno de Estados Unidos mantiene su confianza en el plan de Juan Guaidó.

En esta última voltereta de la historia, quizás por última vez, intentan levantar la imagen del autoproclamado, posicionarlo ante la opinión pública como un estadista de alto calibre y una víctima recurrente del régimen. Le incluyen por esa razón, como invitado importantísimo en un foro amañado para convertir a Maduro de una vez por todas, en un consumado terrorista. La amenaza inusual y extraordinaria está viva. Y es ahora cuando comienza el marketing mass media y 2.0.

La cereza en el tope de la copa helada llega apenas hace horas. El Comando Sur de los EE.UU. anuncia la realización de ejercicios militares conjuntos con Colombia. El pretexto para esto no puede ser más pediátrico. En un comunicado oficial, el Comando Sur alega “Personal experto de EE.UU. y de Colombia van a practicar el trabajo conjunto para construir interoperabilidad y van a compartir experiencia estratégica y práctica”.

En este extraño y semánticamente poco confiable vocablo interoperabilidad, esta la clave de todo esto. ¿Por qué necesitan en este momento demostrar coherencia, sincronización y armonía, dos ejércitos que llevan casi 20 años de ejercicios conjuntos, de maniobras militares, de transferencia de tecnología y de acompañamiento técnico y profesional?

La Haine.org “proyecto de desobediencia informativa” publicaba en 2014 “En lo que podría entenderse como una nueva “Escuela de las Américas”, el 18 de mayo pasado el gobierno de Colombia puso en marcha un proceso de entrenamiento para oficiales de las Fuerzas Armadas de varios países latinoamericanos. Lo hace a través de becas jugosas y la oferta de una exitosa experiencia acumulada en contrainsurgencia y control poblacional. Aunque la noticia pasó casi desapercibida en la vida mediática y política continentales, contiene dos graves señales. Por un lado, representa un avance serio del proceso de contrarreformas manifestado en los avances de la derecha en América latina, mundo árabe y Europa. Pero al mismo tiempo constituye un grave peligro para una América latina que había comenzado a ganar una relativa autonomía político-militar respecto de Estados Unidos. Aunque esta suerte de “Escuela de las Américas” local y tercerizada, la patrocina el gobierno de Juan Manuel Santos, desde el Ministerio de Defensa, a nadie en sus cabales le cabe duda que detrás están el Departamento de Estado y el Comando Sur. Es una de las tareas que justifica la existencia de las bases instaladas en el territorio colombiano. El gobierno de Nicolás Maduro, el chavismo como movimiento y sus Fuerzas Armadas educadas en el antiimperialismo, serían los primeros objetivos no manifiestos de una “iniciativa regional” de este tipo.”

 

Surgen las siguientes interrogantes: ¿por qué trasladar una división aerotransportada, por qué una brigada de paracaidistas? Aceptar las becas del gobierno de Colombiano para ser entrenados en “seguridad y defensa” por el Estado que más las ha violado en las últimas dos décadas, es una contradicción de resolución compleja para ambos gobiernos progresistas. Pero además, compromete todo lo avanzado por el resto de los países, y es directamente funcional al aislamiento político del gobierno de Nicolás Maduro en medio del asedio actual.

Según se puede ver, se aproximan momentos decisivos. Y dependerá de la conciencia de los pueblos, la suerte futura de la República Bolivariana de Venezuela. Necesario es vencer.

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