Existe un debate histórico sobre la “Realidad” y la “Verdad” donde la disputa simbólica es la protagonista; y donde los juicios de valor que se construyen de cara a un hecho o acontecimiento determinan la legitimidad de los mismos; ahora bien, no pretendemos compartir con ustedes un artículo sobre filosofía, pero si queremos dejar claro que más allá de los choques reales entre el chavismo y la derecha, en Venezuela se está librando una batalla simbólica por el “Poder”, sin precedentes.

Hagamos un breve ejercicio: Nicolás Maduro, es el Presidente Electo de Venezuela, pero Juan Guaidó es el Presidente Encargado designado por la Asamblea Nacional en desacato, Nicolás Maduro cuenta con el reconocimiento de todos los poderes público, Fuerza Armada y por el pueblo Venezolano que mayoritariamente lo eligió. Juan Guaidó cuenta con el reconocimiento de un puñado de diputados en desacato, unos 50 países y por un pequeño grupo de la población.

Y ¿Qué es poder si no se ejerce? ¿Para qué sirve? Realmente para nada, eso lo sabe Juan Guaidó y es precisamente esa imposibilidad de disputa del poder real lo que lo lleva a él y a sus aliados a irse por las ramas y a apelar por la emocionalidad para conseguir protagonismo.

Por ello, el anuncio del asalto a TELESUR, un espacio de comunicación continental que busca darle una ventana a los pueblos de nuestra América para ser visibles, un logro geopolítico de Hugo Chávez, no es más que otra patada de ahogado, que reconoce su importancia y su papel fundamental en nuestra región; que carece de argumentos, si se toma en cuenta el alcance de las televisoras y los medios hegemónicos de derecha en el continente y el mundo.

A esto, se le suma el discurso político dado por el jerarca de la iglesia católica venezolana, el monseñor Víctor Hugo Basabe en la procesión de la Divina Pastora en Barquisimeto, quien sin cortapisas llama a una sublevación del pueblo contra su gobierno, haciendo un llamado a la violencia y al enfrentamiento entre venezolanos, declaraciones que las hace frente a millones de feligreses que asisten a la misma por fe y/o cultura.

Contrariando el mandato del Papa Francisco de no intervenir en los asuntos internos de cada país (Cómo jefe de Estado que es) y quien en repetidas oportunidades ha realizado llamados al diálogo y la paz en Venezuela, con esto la iglesia católica venezolana se ha puesto al frente de los partidos de la derecha extrema asumiendo un rol en esta batalla simbólica del poder.

Estos hechos que parecen aislados, son la mejor prueba de la poca capacidad de maniobra de Juan Guaidó y de la  nula legitimidad del mal llamado gobierno interino que replegado por el chavismo, de la disputa del poder real,  abre debates y trincheras alternas, que lejos de acercarlo a sus objetivos los alejan olímpicamente.

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