La primera semana del 2020 ha traído consigo a Estados Unidos (EE.UU.) en el centro del teatro de operaciones bélico, en Irán y el mundo Árabe al asesinar al General de las fuerzas Quds Qasem Soleimani y, en Venezuela al intervenir descaradamente en los asuntos internos. Pues bien, en los últimos días, los enviados imperiales encabezados por el representante de EE.UU. para Venezuela, Elliot Abrams y el Vicepresidente del país norteamericano, Mike Pence, han dado declaraciones que menoscaban cada vez más las relaciones entre ambos países.

En el caso de Abrams manifiesta que “Las condiciones deben cambiar radicalmente” y que “las elecciones parlamentarias no resolverán la crisis en Venezuela”, por esto, nos preguntamos: ¿Cuáles son esas “condiciones”? Aquí pareciera que el enviado estadounidense le diera instrucciones a la oposición de extrema derecha venezolana a radicalizar sus acciones y cambiar la estrategia,¿violencia, desestabilización y golpe de Estado?

Luego manifiesta: “Queremos elecciones libres, y los vamos a reconocer cuando se hagan de esa forma”, para él una elecciones libres son como las que se intentan hacer en Bolivia, ilegalizando a la izquierda, persiguiendo a sus principales líderes, apresándolos y asesinando al pueblo que los apoya. Un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) ya está en la mesa de diálogo, la nueva directiva del ente pudiera estar lista en los próximos días, bajo un acuerdo nacional entre sectores opositores al chavismo pero con sentido democrático y el gobierno de Nicolás Maduro.

Seguidamente. Elliot Abrams destaca que “Estamos buscando nuevas medidas para seguir respaldando a los actores democráticos venezolanos. Estamos buscando el apoyo de otros países para seguir apoyando las fuerzas de las democracias” y lo más grave aún es lo siguiente: “Hemos estado apoyando económicamente a las fuerzas democráticas. EE.UU. ha estado haciendo mucho por Venezuela estos meses y seguiremos haciendo más” demostrando una vez más la intención del la administración de derrocar un gobierno democráticamente electo con apoyo popular y respaldado incondicionalmente por las Fuerzas Armadas, delito que es penado por las leyes internacionales, pero como este mundo está lleno de hipocresía diplomática, se persigue y condena a gobiernos democráticos como el de Evo Morales y se aplaude y apoya a golpistas como a Juan Guaidó.

Por su parte, Mike Pence, le dijo por intermedio de una llamada telefónica al reautoproclamado Juan Guaidó que “eres el único presidente legítimo de Venezuela”, mientras que en su cuenta Twitter destacó: “Hablé hoy con @jguaido y lo felicité por su reelección como presidente interino de Venezuela. Le dije que estamos con ustedes y estaremos con usted y con el pueblo de Venezuela hasta que su #libertad esta restaurado!” como dijeran las abuelas “ahora si se subió la gata a la batea”, el mismísimo vicepresidente de la potencia más grande del mundo “reconoce” a un personaje que nadie lo eligió como presidente y además existen pruebas de sus gastos (por no decir robos) de los recursos que los EE.UU. han reconocido, les han entregado para derrocar al gobierno de Maduro y no ha podido hacer más que la aprobación de medidas unilaterales que afectan directamente a todo el pueblo venezolano.

En resumen, el intervencionismo norteamericano ha causado muerte, hambre y desestabilización en Venezuela, pero también es un peligro inminente de guerra en el mundo Árabe y apoya golpes de Estado en Sudamérica. A un año de la toma de posesión del segundo mandato del presidente Nicolás Maduro, no han podido derrocar su gobierno legítimo pese a la guerra no convencional aplicada en la nación venezolana.

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