Por: María Alejandra Díaz Marín

Kissinger dice que la legitimidad no está hoy en la voluntad soberana de los pueblos, ni en los estados nacionales, sino que descansa, retorna a la aristocracia, plutocracia mundial, fuente hoy de la legitimidad, ya no democrática sino tiránica.

La Constitución de Chile carece de toda legitimidad verdadera. Nació ilegal e ilegítima, en medio de una dictadura feroz, con un plebiscito sin garantías electorales limpias, ni un sistema electoral auditable.

Por un lado, Piñera, quien no solo niega el principio democrático, sino que abandonó el campo político, el consenso y el entusiasmo popular, ejerciendo el poder deslegitimado.

Por el otro, el pueblo en rebelión civil popular, exigiendo reconocimiento, derechos sociales, económicos dignos y superación del sistema excluyente elitesco que expulsa a la gran mayoría del gozo de una vida de calidad.

Al abandonar la potencia de la comunidad política, ejerce el poder como fuerza fetiche mistificadora, anulando y desterrando la igualdad e imponiendo el miedo y el despotismo (Dussel).

Élite ciega, sorda y aberrante, paralizada de pánico por perder sus privilegios, se hunde en su letrina de crímenes. Desde su “oasis” llama alienígena al pueblo, como cuerpo extraño que debe extirparse. Paranoia del otro radical.

Sin legitimidad, este poder se hace pura dominación, coacción brutal, ocupando lo militar y policial el lugar de la participación, el diálogo y decisión política de las mayorías.

El pueblo chileno pide Asamblea Constituyente, refundar la República, crear un nuevo sistema político, económico, social, justo e igualitario y soberano.

Deben estar alertas para que no los subsuman fuentes externas de juridicidad, tutelar o supranacionales (ONU) y convertir la Constitución en híbrida y globalizada.

Esto también exige liberarse del capital depredador financiero buitre y neoimperial, salir del agujero negro de la deuda y de la historia. Rompiendo con las ataduras jurídicas ominosas y despertar del shock neoliberal y falsa democracia representativa.

Los chilenos deben exigir y reivindicar tantos cadáveres, heridos, mutilados y discapacitados, es una deuda con ellos mismos y con la historia.

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