Por: Osly Hernández

Las piezas del Ajedrez geopolítico se han movido esta semana. Trump parece querer refrescar la estrategia de seguridad diseñada por “su vieja guardia”, nombrando como temporal consejero en materia de seguridad a un hombre más joven, igual de supremacista que él y con mayor criterio empresarial. Su nombre: Charlie Kuperman.

La hoja de vida de Kuperman indica que fue parte del equipo de gobierno de Ronald Reagan en los ochentas, se le conoce como un negociador (aunque posee vínculos con el Centro para la Política de Seguridad, grupo de promotores de teorías anti-musulmanas) y posee amplia experiencia en defensa, control de armas y aeroespacial, por lo que, en palabras del saliente Jhon Bolton: “ayudará a ampliar la agenda de seguridad nacional del Presidente Trump”, a quien sirvió como asesor desde enero del presente año.

Pareciera entonces que, sin descuidar la presión político-militar y la visión agresiva en materia de seguridad, el gobierno norteamericano pretende enfocarse en la atención a sus asuntos económicos -entendiendo que su economía se mueve fundamentalmente con la venta de armas al mundo- y quizá poder tener mejor capacidad de interacción con gobiernos difíciles de tragar para Bolton, como Corea del Norte, Irán, Rusia y China, esto a un año de nuevas elecciones en Estados Unidos.

Ahora bien, en lo que a Venezuela respecta, este cambio no significa que la agenda de todas las “opciones” contra el gobierno de Nicolás Maduro se haya detenido. Vimos cómo la orden de insistir en la activación del TIAR desde la ONU continúa, aunque cada vez con menos adeptos y mayores dudas de los países miembros. Colombia sigue a la vanguardia del ataque, protagonizando escenarios de presión militar territorial. El Presidente venezolano denunció que al menos 10 estrategias para concretar su asesinato habían sido desarticuladas, por lo que ordenó una serie de ejercicios militares en la frontera. Trump, de inmediato, afirmó que de darse alguna agresión de Venezuela contra Colombia, apoyaría la respuesta que el gobierno neogranadino decidiera emprender. Nada dijo de si el ataque ocurría de forma contraria.

Esto nos permite leer que el cambio de Bolton quizá responde más la posibilidad de tender mejores puentes hacia occidente que a un cambio de estrategia en su “patio trasero”. Por ello, algunos especialistas en el estudio de la materia militar, han sugerido al Presidente Maduro reevaluar la estrategia de defensa y ofensiva venezolana, considerando que se requiere superar las formas convencionales de respuesta, inyectar mayor creatividad y uso de todos los medios a disposición y procurar mayor participación popular (insistir en la doctrina de la guerra de todo el pueblo).

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