Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE, por sus siglas en portugués) se han registrado en lo que va de año un aumento en los incendios de la vegetación del territorio de la Amazonia, cerca de un 83% en comparación con el mismo período en 2018.

Desde hace más de 15 días, se está quemando la Amazonía, cuyo 60 por ciento está en Brasil y que además absorbe 1.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, convirtiéndose en el pulmón del mundo.

Se originó el principal foco en territorio brasileño, específicamente en el estado de Rondonia. Hasta ahora han sido destruidas 500.000 hectáreas de bosque entre Brasil y Bolivia, y se ha empezado a extender hacia Paraguay y Perú. En Bolivia, la región oriental de Santa Cruz se convirtió en epicentro de una serie de incendios que en más de tres semanas consumieron alrededor de 500.000 hectáreas de bosque y pastizales.

La selva tropical más grande del mundo, la Amazonía, es una reserva vital de carbono que ralentiza el ritmo del calentamiento global. También alberga alrededor de tres millones de especies de plantas y animales, y un millón de indígenas.

 

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro descartó los últimos datos y dijo que era la “temporada de la queimada“, el periodo en el que los agricultores abren fuego para despejar sus tierras. “Solían ​​llamarme Capitán Motosierra. Ahora soy Nerón, incendiando el Amazonas”, este miércoles sugirió que activistas podrían estar detrás de los incendios, como venganza por el recorte de los fondos que el gobierno les entregaba.

Lo cierto es que según la BBC, el propio presidente dijo que quiere reducir la legislación que salvaguarda la selva y ha atacado a funcionarios cuyo trabajo es proteger los árboles. A principios de este año, Bolsonaro, apodado por algunos como “el Trump del Trópico”, invitó al presidente de Estados Unidos a ser socio en la explotación de los recursos del Amazonas.

 

 

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