El pasado Lunes, Donal Trump anunció que la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos, iniciará el proceso de deportación de “millones de extranjeros ilegales que encontraron formas ilícitas de entrar a Estados Unidos”.

Ante su caída en las encuestas, producto de los reveses en varias de sus decisiones económicas y políticas, Trump busca con esta medida recuperar la confianza de sus electores, en su mayoría pertenecientes al sector de los supremacistas blancos estadounidenses, quienes reclamaban decisiones más contundentes en contra de la inmigración.

Evidentemente, esta acción incluye a los migrantes venezolanos, razón por la cual un grupo de Congresistas aliados a la oposición venezolana, elevaron la petición de activar el Estatus de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés) para quienes, a su juicio, escapan “de la dictadura de Nicolás Maduro”.

Así lo aseguró el Senador Bob Menéndez, parlamentario Federal de origen cubano, quien ha estado en la mira de las autoridades norteamericanas “por delitos de conspiración, tráfico sexual, fraude y sobornos”.

La administración Trump no ha dado respuesta a la misiva, lo que permite concluir que no habrá “tratos especiales” a ninguna nacionalidad en sus medidas migratorias.

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