por: Ricardo González

El pasado 10 de mayo, se conoció que el buque de la Marina de los Estados Unidos, CG James, navegó dentro de aguas territoriales venezolanas, por lo que unidades de la Armada y la Aérea Venezolana escoltaron al buque en su regreso a aguas internacionales.

Esta no es la primera provocación de EE.UU. violando el espacio territorial venezolano en plena escalada de tensiones.

El pasado 23 de febrero mientras EE.UU. y Colombia forzaban la mal llamada ayuda humanitaria en el Puente de Tienditas (frontera con colombo-venezolana), sin permiso alguno, un barco estadounidenses se enrumbó a Venezuela desde Puerto Rico. Ante  la firme respuesta de la Armada Venezolana, dicho barco tuvo que regresar por donde vino.

A finales del 2018 ocurrió lo mismo con varias embarcaciones de la petrolera Exxon Mobil en la Guayana Esequiba.

Pero ¿Qué intención hay detrás de este juego de provocaciones y Batalla Naval?

No es nada secreto que para EE.UU. forjar una guerra “en el mar la vida es más sabrosa” ya que cuenta con un historial de agresiones a partir de falsos positivos en aguas internacionales.

Recordemos el “incidente del Golfo de Tonkin” en 1964, el falso pretexto en el que se basó la Administración de Lyndon B. Johnson para intervenir militarmente en Vietnam. El hecho sirvió de excusa para que EEUU se sumara a una guerra no declarada que se prolongó durante más de una década, provocando el mayor desastre humano y ambiental de la historia desde la Segunda Guerra Mundial.
¿Qué excelente decisión verdad?

Señor Peabody, viajemos más atrás en el tiempo. En enero de 1898, el Acorazado Maine ingresó a La Habana, Cuba (para ese entonces colonia española) sin haber avisado previamente de su llegada, lo que es indispensable en las prácticas diplomáticas de cualquier nación respetable desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.
Dos semanas después, El Maine explota, salta por los aires y estalla la guerra entre España y Estados Unidos.

La prensa mintió. Hasta el diaro World, de Joseph Pulitzer (si, el señor del premio al periodismo) falseó descaradamente las informaciones y sostuvo que los oficiales españoles habían celebrado tras la explosión del Maine; cuando en realidad, todos trabajaron sin descanso durante la noche para rescatar a los supervivientes.

Como de costumbre, casi ochenta años después de la guerra, el Almirante H. G. Rickover, de la Armada estadounidense, revela en su libro “Cómo fue destruido el acorazado Maine” que el hundimiento no se debió a una acción española, sino que estuvo provocado por una explosión interna. Para mayor descaro, el libro es editado en la imprenta oficial del gobierno estadounidense.

Lo cierto es que una operación de bandera falsa contra Venezuela está en proceso con el Comando SUR jugando a la batalla naval, o con una falsa operación en tierra con colaboración de Colombia o Brasil. Ya sea Santa Claus, el conejo de pascua o cualquiera de las mentiras blancas que constituyen a los estadosunidenses, usar barcos de Caballo de Troya que explotan es aguas internacionales como pretexto para invadir una nación soberana, también parece ser parte de sus tradiciones.

Ricardo González

@RicardoGzk

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