Según la periodista argentina, Verónica González, “La esencia del deporte fue enmascarada bajo el manto de la defensa de la identidad nacional como símbolo de poder. Existía la necesidad de crear una conciencia e identidad nacional a través de la unidad social y cultural de los habitantes de cada división territorial. Ésta se convirtió en el principio estructurador de las competencias deportivas internacionales, tanto de conjunto como individuales.”

Entonces, podemos entender que los eventos deportivos se pueden ver mezclados con la política, porque despiertan los sentimientos patrióticos de los espectadores y es determinante para la afirmación de la identidad nacional. En Venezuela, esto no sucede, depende de quién te aplauda, serás vanagloriado o no.

La polarización en el país ha impregnado de política todos los espacios de convivencia, temas de conversación, reuniones familiares, redes sociales, chats de amigos, esperando para ser atendido en un banco, un ascensor lleno de gente, cualquier lugar es el campo de batalla para debatir sobre la situación actual que vive Venezuela, lamentablemente, no todo el mundo posee las herramientas intelectuales ni los argumentos sustentados para hacerlo. Entonces aparece la descalificación, la ofensa, el irrespeto, hasta la violencia, cuando no se habla el mismo idioma ni se comparten las opiniones.

 

Yulimar Rojas

En los Juegos Olímpicos Río 2016, esta joven atleta venezolana obtuvo la medalla de plata, con un salto de 14,98 metros en Salto Triple. Desde ese momento, la sonrisa de quien luego fuera proclamada campeona mundial gracias al atletismo, ha estado presente en vallas, videos y promociones del orgullo nacional, del ejemplo victorioso de los deportistas venezolanos.

La historia de Rojas no siempre estuvo relacionada con alegrías, al pareces su color de piel, incomodaba a cierto sector de la población que no vincula el éxito con las raíces étnicas de cada persona y empastela el lugar de nacimiento con las oportunidades que se presentaron, en este caso a Yulimar, quien fue criada en una casa humilde en Puerto La Cruz, estado Anzoátegui y apoyada por un cubano, ¡Imagínense! ¿cómo no iba a ser blanco del dedo acusador de la derecha? Sin mencionar su preferencia sexual, que también fue objeto de críticas e insultos.

¿No importa entonces que haya representado a todo un país en un evento mundial, que haya sentido satisfacción por recibir una medalla y que haya recibido una llamada del presidente de su país para felicitarla? Solamente importa que es pobre, negra, lesbiana y chavista. Se les olvida que es nuestra bandera la que ella lleva en su pecho y que su triunfo es el de todos los venezolanos.

Los éxitos de Yulimar Rojas siguen llenando de orgullo al país entero, a pesar de que siguen existiendo quienes la señalan y critican, gracias a la disociación psicótica que no les permite tolerar las diferencias y aplaudir las victorias de los atletas nacionales.

Cuando se asume un estadio como escenario donde la nación está representada por los colores de cada bandera y se escucha el canto del himno, para armar una escena en la que se simboliza una suerte de guerra y la victoria se convierte en símbolo de cohesión.

 

Diego Armando Maradona

Son innumerables las veces en las que este futbolista ha estado inmerso en críticas sobre su ideología política. Más allá de lo controversial de su personalidad, Maradona, nunca ha ocultado su pasión por las luchas antiimperialistas y siempre ha estado de lado izquierdo de la historia. Sus tatuajes y sus amistades como Fidel Castro y Hugo Chávez, lo ubicaron en el cesto de la basura para los críticos deportivos a quienes también pareció olvidárseles las glorias que lleva este argentino en la pierna, también zurda y todas las alegrías que le dio a su nación.

Recientemente, El Diego dedicó su triunfo a Venezuela y al presidente Nicolás Maduro, en solidaridad por la situación que enfrenta el país al ser bloqueada por EEUU, este gesto le valió una multa por parte de la Federación Mexicana de Fútbol.

Dato histórico

En 1936, durante los Juegos Olímpicos de Berlín, evento que fue politizado ya que fue utilizado por Adolfo Hitler para promocionar el nazismo y demostrar la “superioridad aria”. Para desgracia del dictador nazi hubo cuatro medallas de oro que se otorgaron a los atletas  afroestadounidense como Jesse Owens, quien en 100 y 200 metros planos, salto largo y relevos 4×100 se coronó por encima de todas las demás “razas” que participaban en la competencia.

 

Galería de los señalados

La incoherencia

El capitán de la selección de fútbol venezolana, Tomás Rincón, quiso manifestar en contra de la gestión del presidente Maduro y no se le ocurrió otra forma de protesta que voltear la bandera de su propio país en la antesala a un juego de la Juventus, club italiano donde ahora representa a esa misma bandera. Los aplausos por este gesto por parte de la derecha opositora nacional, lamentablemente, superaron al resto de los venezolanos que repudiaron la malcriadez del tachirense, por lo cual no fue ni sancionado ni multado.

Otro que también le pega al balón y a la soberanía de su propio país, es Juan Arango, quien hace un par de días dio unas declaraciones donde solicitaba la intervención extranjera a Venezuela. Las redes sociales sirvieron de ring de boxeo para disputar si la petición del goleador maracayero era buena o mala.

Desde su mansión en Miami (EEUU), con una piscina de fondo, expresó su preocupación por lo que están viviendo sus compatriotas, pero lo que no recuerda es que sin el apoyo del actual gobierno, el fútbol nacional jamás hubiese tenido las oportunidades que tuvo para que él y otros más, se proyectaran a nivel internacional y lograran abrirse camino con sus destrezas en la cancha.

Se generó entonces en cada evento deportivo de béisbol, fútbol o baloncesto que se gritaran insultos a los jugadores que eran catalogados como “chavistas” y perdieran así el respeto por su desempeño como atletas en sus respectivas disciplinas. Volviéndose una rutina aburrida de los oposicionistas gritar: “y va a caer” o “Maduro… CDTM”, durante cada juego, como una suerte de catarsis o para drenar las frustraciones de elecciones perdidas.

 

Pancarta colgada en un juego de fútbol de la vinotinto contra la selección de Alemania

En conclusión, en el siglo XX los ciudadanos vivieron el efecto político en todas las canchas y estadios, donde los actores políticos se valieron del deporte como herramienta de inserción ideológica a conveniencia. Desde la gestión gubernamental, se le brinda el apoyo sin condiciones a todos los atletas en sus diferentes disciplinas, invirtiendo en la infraestructura para potenciar los espacios deportivos de entrenamiento y disfrute.

Incentivando a los jóvenes a que mantengan la disciplina y alimentando las ganas de superar sus propias metas para su propio orgullo y el de un país entero, que debe aprender a tolerar las diferencias ideológicas y a aplaudir los logros de quien lo merece.

Queda entonces la interrogante de si podrá ser posible la organización de eventos deportivos de manera “apolítica”, sin convertir al deporte en elemento de confrontación entre los habitantes de un mismo país.

 

 

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