La intransigencia del Estado Israelí entorno a su reclamo “divino” sobre la soberanía de las tierras del pueblo Palestino, ha escrito desde 1948 uno de los peores episodios de muerte y destrucción de la humanidad, cuyos eventos combinan ataques militares y bloqueos, que se recrudecen conforme aumenta el apoyo político y económico de las grandes potencias occidentales.

La llave de la muerte: Trump y Netanyahu

El inicio del cuarto periodo como primer ministro de Benjamín Netanyahu (2015), vino cargado de promesas de victorias definitivas y con ello una escalada de violencia que entre 2016 y 2017, acumulaba un promedio de 3 ataques semanales; y que para 2018 sumó la demolición y la ocupación ilegal de edificios  en Cisjordania, afectando a miles de palestinos.

La llegada de Donald Trump (2017) a la presidencia de los Estados Unidos y su giro retador a las relaciones con medio oriente, que llevó al cambio de sede de la embajada de su país a Jerusalén, capital de palestina y territorio en disputa, ha marcado una nueva etapa en el conflicto, cuya ultima embestida dejó un saldo de 189 palestinos muertos y 6100 heridos, durante las actividades de protesta, convocadas por la resistencia Palestina en la franja de Gaza,en la denominada la Gran Marcha por el Retorno (Marzo 2018).

Acciones condenadas por la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michele Bachelet, quien presentó un informe detallado de los crímenes de guerra que pueden considerarse de lesa humanidad provocados por el gobierno de Israel.

Un combate desigual

Este 25 de marzo, Israel y Palestina vuelven a ser noticias de manera no casual, en plena polémica del reconocimiento de EE.UU sobre la ocupación de los altos de Golán; luego que el gobierno Israelí denunciara el supuesto ataque aéreo a una vivienda de su territorio, que dejara un saldo de 7 personas heridas. Evento que ha “escandalizado” a parte de la comunidad internacional, que obvia o desconoce el impacto de esta guerra y sus verdaderas víctimas, que con evidente desventaja económica y militar, decidieron resistir.

Otro aliado indeseable 

Israel es uno de los países que reconoce la figura de “presidente interino” de Juan Guaidó, quien en su empeño por derrocar el gobierno de Nicolás Maduro, manifestó estar muy contento de anunciar “que el proceso de estabilización de las relaciones con Israel está en plena marcha”, y que suma cada vez más aliados controversiales, ligados en su mayoría a hechos de corrupción y violaciones de derechos humanos, ratificando su peligrosa tendencia ultra derechista. 

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