La llegada al poder del líder de derecha, Emmanuel Macron, trajo consigo una serie de ajustes, que lejos de ayudar a Francia a superar la crisis económica heredada, profundizó los problemas sociales de la clase media y baja, razones que dieron origen al movimiento de los “Chalecos Amarillos” (Gilets Jaunes), que inició como una serie protestas sectorizadas contra el precio de los combustibles, la injusticia fiscal y la pérdida del poder adquisitivo y que se extendió rápidamente a otras reivindicaciones, desembocando en la exigencia de renuncia del primer mandatario.

El movimiento, que se presenta como espontáneo y que mediante el uso de las redes sociales, ha logrado multiplicar su volumen y afinar su estrategia de bloqueos de carreteras, redomas y actos multitudinarios en las principales ciudades, se ha convertido en el dolor de cabeza para la administración de Macron, la misma que ha dedicado tanto tiempo a criticar y denunciar los supuestos abusos de la gestión del presidente  Nicolás Maduro, y que “paradójicamente” ha recurrido al uso excesivo de la fuerza contra su propio pueblo.

Hechos cotidianos

Aunque la actuación de las fuerzas de seguridad, contra los Chalecos Amarillos han dado la vuelta al mundo, por la crudeza de las imágenes difundidas a través de las redes sociales, vale la pena recordar otros acontecimientos, que comprometen y denotan la naturaleza totalitaria del régimen francés:

  • Expulsión de la zona ocupada contra el aeropuerto de Nantes (Abril 2018): Donde gobierno francés desplegó 2500 funcionarios policiales con la orden de destruir todo a su paso, para desalojar a los militantes de ZAD (Zona a defender), quienes en oposición a la construcción de un nuevo aeropuerto, tomaron la localidad hace más de 10 años, defendiendo un modelo colectivo de cultivo y otros proyectos de experimentación social.

  • Detención de adolescentes de Mantes-la-Jolie (Diciembre 2018): Al menos 700 jóvenes fueron detenidos acusados de protagonizar daños en protestas en los suburbios, muchos de ellos yacieron arrodillados, esposados y golpeados en plena vía pública.

Resultados de la represión de Macron

  • Más de 6.400 manifestantes han sido detenidos por la policía, desde el inicio de las manifestaciones y hasta el 10 de enero del 2019
  • Mas de 1000  manifestantes han resultado heridos, según cifras del Ministerio del Interior.
  • Según el diario Mediapart, se han reportado más de 500 casos de evidentes abusos policiales, entre los que figuran 22 manifestantes que han perdido un ojo, 5 que han perdido extremidades y 210 que sufrieron heridas en la cabeza.

Criminalización de la protesta

La evidente imposibilidad del gobierno de atender las demandas de la población, parece acorralar cada vez más a Macron, quien en un intento por “devolver” la paz a las calles de París, ha recurrido a la criminalización de la protesta, medida compuesta por 3 elementos: encarcelamientos, multas de miles de euros y la actual legislación que prohíbe el derecho a la protesta.

Ante esto, solo se puede afirmar, que ya quisieran los franceses que su presidente, en un ejercicio de coherencia,  pusiera en práctica las exigencias de libertad y democracia que tan vehemente hace a Venezuela y que reclaman sus connacionales.

 

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