Tras los últimos ataques inclementes contra la estabilidad política y social de Venezuela, que se suman a los más de 5 años de guerra económica contra el pueblo, es de esperar que la comunidad internacional cómplice y financista intensifique sus acciones para acelerar al menos un resultado favorable a su agenda conspirativa, esperando una reacción de fuerza que justifique sus pretensiones intervencionistas.  

La realidad es que Nicolás Maduro continúa frente a la jefatura del Estado, escenario que lejos de sorprender y contraria a la matriz de opinión impuesta por las grandes corporaciones comunicacionales, demuestra la instauración de una nueva cultura política que ha favorecido por un lado la posibilidad de mitigar de conflictos vía dialogo, y la capacidad de reacomodo de las fuerzas político-institucionales para el mantenimiento del equilibrio y la paz en el territorio.

Situación que justifica los recientes anuncios de cambios ministeriales, que denotan una  huida delante ejecutivo ante la vulnerabilidad y la necesidad de cambios profundos en la gestión de los servicios y las políticas de Estado, dejando claro que el poder en Venezuela no se ejerce simbólicamente desde las redes sociales.

Sobre la visita de la Organización de la Naciones Unidas (ONU)

Muchos han sido los comentarios y reacciones sobre la visita de la ONU a Venezuela como parte de la agenda de la comisión de Derechos Humanos de dicha instancia, pues es evidente que si algo se quiere desdibujar del imaginario colectivo, son los logros gigantescos en materia de seguridad social y calidad de vida conquistados por el chavismo en estos 20 de gestión, logros que evidentemente se ven menguados por el bloqueo financiero impuesto por los países aliados de la derecha y que han llevado al gobierno a establecer políticas focalizadas y subsidios directos para atender a los sectores vulnerable, acción impensable en un gobierno contrario los intereses del pueblo.

 

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