Horas de sabotaje eléctrico, horas angustia y zozobra contra Pedro, Alberto, María, Ana, Samuel, Valentina y Tomás; los de arriba y los de abajo.

El plan era sencillo, se apaga la luz y se enciende la rabia que tumba gobierno.

 

Nada podría salir mal, en primer lugar porque la maniobra estaba probada y comprobada por los amos del norte y en segundo lugar, porque aunque nada haya resultado, hasta ahora todo parece ir bien ¿No?

Se han empeñado en 20 años de oposicionismo en usar el odio y la mentira como bandera, obviando las raíces caribeñas que nos hacen darnos la mano y sacar lo mejor de la peor circunstancia; pero sobre todo han negado los cambios profundos de la sociedad venezolana en 20 años de Revolución Bolivariana. El BlackOut que se suma a los 5 años de guerra económica sin cuartel contra el pueblo de Venezuela, rebasó la raya y nos colocó a elegir entre coadyuvar al asalto del poder o resistir la tormenta juntos; y decidimos. Decidimos acompañarnos, cuidarnos, compartir la carga, el pan, el agua y la sonrisa; decidimos reconocernos hermanos.

Nos quisieron apagar la luz y nos encendieron el alma.

 

 

 

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