El 13 de marzo de 2011 el Comandante Chávez reflexionando sobre los avances y los pendientes de la política nacional, recordaba la frase del gran Víctor Hugo en “Los Miserables”, cuando hablando de la Revolución Francesa, uno de los personajes decía:

“Oye, creíamos haber cambiado el mundo, pero no cambiamos las costumbres, fracasamos. El molino que se movía ya no existía, lo echamos abajo, pero el viento que lo movía sigue soplando”.

Hoy a casi 10 años de esa reflexión y luego de un largo periodo de gobiernos populares que sumaron victorias a los pueblos, nos encontramos quizá ante la escalada más feroz de las derechas, marcada por la judicialización, las persecuciones y las campañas mediáticas fundamentadas en la mentira y el odio.
En este sentido y dados los recurrentes fracasos por hacerse del poder político en Venezuela; la reciente autoproclamación de Juan Guaidó como presidente y el apoyo dado por la mayoría de los gobiernos de derecha en la región, es una muestra fehaciente de las acciones y riesgo que están dispuestos a asumir dada la importancia de nuestro país en esta “nueva etapa de la región”; situación catalogada por expertos juristas e internacionalistas como el peor error de “diplomacia” regional, que marca un precedente nefasto que pone en riesgo la estabilidad de todo un continente.

Ante esto podemos decir con seguridad que los vientos del norte que movieron la América neoliberal de los 80 y 90, volvieron y amenazan con llevarse todo; y Venezuela la fuerte, la radical que alborotó los aires de revolución y levantó la idea de consolidar un modelo de desarrollo propio, se encuentra impresionantemente de pie, ante la peor de las tormentas económicas; la razón y la lección es y será el empeño y la certeza puesta por Hugo Chávez en esa respuesta propia a esa frase de Víctor Hugo:

“Hay que cambiar el viento… hay que cambiar todo”.

 

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