El asedio del imperialismo norteamericano a las naciones que se oponen o cuestionan su poderío económico, político y/o militar es una tarea de primer orden y por tanto permanente de sus agencias de inteligencia, quienes desde finales del siglo XX y luego de la derrota moral sufrida en Vietnam, han afinando y transformado sus tácticas, en menoscabo de las soberanías y la institucionalidad regente en torno a la diplomacia y el Derecho Internacional.

La llegada del siglo XXI y con él, la posibilidad de crear y difundir contenidos e informaciones en tiempo real, han consolidado las redes sociales como monitores y generadores de ideas hegemonizantes, y han facilitado el posicionamiento de las Fake News (Noticias falsas) como dinamos de realidades que allanan el terreno psicológico en las naciones susceptibles al asedio de las grandes potencias.

Las contradicciones abonadas desde la llegada al poder del Comandante Chávez, aclaran que la nueva arremetida del gobierno norteamericano, que desconoce la soberanía ejercida por el pueblo al elegir a Nicolás Maduro como presidente, deja lugar a la duda respecto a la vinculación del gobierno norteamericano a los acontecimientos políticos de la región, pues dicha arremetida se da en un escenario poco favorable para la izquierda suramericana, que hasta el momento había resistido en unidad, frenando las pretensiones de otros bloques regionales auspiciados por el gobierno norte americano; esto tomando en cuenta que hasta el momento el único bastión de oposición venezolana está en el “apoyo regional” y de los bloques de poder económico y no en el apoyo irrestricto del pueblo venezolano.

Dicho escenario, de “apoyo” internacional, parece estar justificado dentro de las nuevas formas de ejercicio supremacista norteamericano, planteadas por el analista y asesor del pentágono Thomas P. M. Barnett, que define el actual estado de la política y geoestrategia militar estadounidense, como la necesaria división del mundo entre “El núcleo funcional” refiriéndose a los estados estables política y económicamente (Aliados) y la “Brecha no integradora”, refiriéndose a los que no han alcanzado cierto nivel de vida y podrían fungir como banco o tanque de recursos al núcleo funcional, dejando para los primeros como única garantía de acceso a dicho recursos, el sometimiento a es designios de Washington y para los segundos la digna resistencia o la entrega;

en palabras de Galeano: «El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar»

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