La única diferencia es el lugar. Al mejor estilo de Pedro Carmona Estanga en 2002, el diputado a la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se autoproclamó Presidente, cometiendo entre otros delitos, el de usurpación de poder y el de desacato continuado como ya lo había expresado temprano el Tribunal Supremo de Justicia. 

Dicha autoproclamación la hace un Diputado que dice ser Presidente de la Asamblea Nacional pero no lo es, pues éste órgano está en desacato si no retoma sus funciones Henry Ramos Allup y cumple las exigencias de la sala electoral del Tribunal Supremo de Justicia. Pero también se autoproclama, una persona que no ha sido en ningún momento candidato a la presidencia, en consecuencia, no ha ganado ninguna elección presidencial. También cabe resaltar que esa autoproclamación la hace el miembro de un partido que lleva más de un año ilegalizado por el Consejo Nacional Electoral al no cumplir los requisitos de permanencia.

Inmediatamente, periodistas ligados a la extrema derecha han difundido que Donald Trump reconoció a Guaidó como presidente.

El mismo guión del 2002. Sólo falta que España, país que financia los lujos de Ledezma, Lester y Lorent Saleh, salga reconociéndolo también.

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