Colombia está herida de muerte, la han masacrado lentamente quienes decididieron poner sus mezquinos intereses económicos sobre la vida y las esperanzas de un pueblo y en ese contexto, Venezuela ha sido condenada colateralmente a la violencia, al narcotráfico, los secuestros y la migración masiva. Esto por el “delito” de buscar por todas las vías, sanar las heridas históricas de las relaciones con el Estado colombiano, que a las  pretensiones de dialogo y fraternidad solo ha respondido con falsos positivos, atentados, injerencia e impunidad.

70 años llevan nuestros pueblos sufriendo las consecuencias de una guerra que no les pertenece.

 

Existe en oligarquía colombiana, encabezada por Álvaro Uribe, un fuerte desprecio a la venezolanidad; subestiman a un pueblo que decidió desarrollarse, lejos de las faldas del gobierno norteamericano, que no solo financia la guerra, sino que dirige tristemente la política de ese país.

No perdonan ni perdonarán, el cierre de las facilidades dadas por los gobiernos de la cuarta, para el tránsito, el procesamiento y la distribución de droga.

No perdonan ni perdonarán, la permanente denuncia contra el funcionamiento de un Estado fallido y criminal.

No perdonan ni perdonarán, el rol del comandante Chávez en los diálogos que le dieron al pueblo colombiano una tregua, que ellos hoy pisotean ante la mirada impune de la comunidad internacional, la misma comunidad internacional que hoy señala y amenaza a Venezuela.

2019 pasará a la historia como el año de la vergüenza para quienes se unieron para socavar todos los esfuerzos mundiales por construir una diplomacia sana. Por su parte, los auténticos Bolivarianos,  pueden estar orgullosos, no solo por mantener firme la idea la américa unida, sino a la voluntad de los pueblos, que sin importar su color político, clama la paz.

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