Por: Alí Rojas Olaya

El 31 de octubre de 1969 es allanada la Universidad Central de Venezuela. La Operación Canguro, dirigida por el general Homero Leal Torres y secundado por el general Guillermo Segundo, penetró el campus con 12 tanques de guerra, 33 camiones incluyendo un camión especializado en telecomunicaciones y más de dos mil efectivos militares de tropa. Diez estudiantes resultaron asesinados, cientos de heridos, y la suspensión de las clases en la UCV por dos años hasta febrero de 1971.

Este atropello fue parte del plan tecnócrata que el asesor de la CIA, Rudolph Atcon, aplicó en las universidades latinoamericanas. Ese año se eliminan las escuelas técnicas industriales por Rafael Caldera y sus docentes se ven obligados a irse a las universidades donde fueron subsumidos por la teorización del conocimiento en detrimento de la práctica.

Saúl Rivas Rivas, en su trabajo Dominación de la juventud por la ideología tecnocrática neoliberal, describe a los estudiantes tecnocratizados como: “una juventud anónima, invisible, masificada, sin historia personal y social, sin cultura propia y, por tanto, una juventud sin brújula, que sin madurar envejece al nacer, sobre todo si se liquidan de antemano sus potencialidades creativas”.

El rector Jesús María Bianco critica el plan Atcon: “siento hoy el deber de llamar la atención de la ciudadanía venezolana que permanece leal a los intereses supremos de nuestra patria sobre el origen, el sentido y los objetivos de la campaña de colonización de que son objeto nuestras universidades autónomas, nuestro sistema nacional de educación y la sociedad venezolana misma”.

Con el plan Atcon se profundizó el modelo unidireccional de “transmisión” de conocimientos en detrimento de la construcción de saberes a partir de la experiencia compartida, reflexionada y analizada. Se crearon nuevas universidades alejadas de los centros poblados para disminuir el contacto directo de los estudiantes con el resto de la sociedad, con diseños arquitectónicos sin grandes auditorios, cafetines pequeños y dispersos, planta física con bosquejo de “tránsito” y no de “permanencia”, áreas verdes sin asientos para impedir los mítines y tener control de los estudiantes. El horario fue restringido lo más posible al diurno.

Comienzan a “financiarse” proyectos de investigación fragmentados e inútiles por sí solos, pero que integrados son útiles para los “financiadores”. Por todo esto, Simón Rodríguez nos dice: “Abramos la historia”.

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