La isla de Puerto Rico es conocida como la última Colonia de la América Latina. Pasó de manos de la “madre Patria” al “american way of life”, cuando en finalizando el XIX, tras la guerra Hispano-Estadounidense, Estados Unidos anexó la Isla como parte de los acuerdos con España contenidos en el Tratado de París de diciembre de 1898, como un “Estado Libre Asociado” (ELA). No habla inglés, pero debe celebrar la Independencia el 4 de Junio. No votan para la elección del Presidente de los EE.UU, pero su dinámica económica está regida por administración de la Casa Blanca.

Muchos han sido los momentos de lucha que se han dado en la isla, con diferentes propósitos. Unos, los de izquierda, levantan la bandera de la Independencia. Los otros, del partido “demócrata” estadounidense, reclaman ser un Estado pleno de la nación imperial. Ambos, objetivos negados para el actual equipo de gobierno, en manos de los Conservadores y con Donald Trump al frente.

Pero, ¿qué está pasando en este momento en la isla Boricua?

En 2017, producto de los terribles daños que ocasionó el paso de los huracanes Irma y María sobre Puerto Rico, el Gobernador Ricardo Rosselló solicitó apoyo económico al gobierno de Trump para la restauración de viviendas, atención a las y los heridos, enfermos y personas aisladas, en su mayoría integrantes de los márgenes de pobreza de la isla, la cual se calcula en 44%.

El Presidente Trump visitó Puerto Rico 13 días después de ocurrido el desastre natural y entre sus “atenciones” estuvo el lanzar un toallín de papel a un grupo de afectados, como simulando un juego de baloncesto, y la afirmación de que las víctimas no pasaron de 16 personas, cuando investigaciones hechas por “la Universidad de Harvard estimó el número de muertes en 4.600, y un estudio más reciente de la Universidad George Washington situó la cifra en cerca de 3.000”, como reseñó el Nuevo Herald. Su objetivo era sincerar la ayuda y negar fervientemente los montos solicitados.

En contra de la voluntad de Trump, el Congreso aprobó algunos desembolsos a Rosselló, lo que significó el inicio de una enfilada artillería de señalamientos del Presidente de EEUU contra éste, calificando de corrupto, incapaz, ineficiente y mentiroso -porque el 28 de agosto de 2018, el gobernador modificó la cifra oficial de víctimas mortales, de 64 a 2.975.

Sobre las airadas reacciones de Trump, el Rosselló se limitó a señalar que la condición política de Puerto Rico no favorecía la atención plena a las víctimas.

“El resultado de tener una recuperación más lenta (que Texas o Florida) no solamente se le puede atribuir a una administración o a una agencia: es una realidad de nuestra condición colonial en Puerto Rico, y de nuestra ciudadanía de segunda clase”. “Mientras estemos inhibidos o privados de nuestros derechos, no tendremos el poder político para pedir los recursos apropiados, como Florida o Texas”, declaró al Nuevo Herald.

Es en este contexto, el gobierno de Puerto Rico se encontraba a puertas de la aprobación de nuevos recursos para la recuperación de sus infraestructuras, asunto que dependía de la firma exclusiva del Presidente Trump (como reseña la agencia EFE, el 5 de junio), cuando se destapa un escándalo en contra de la máxima autoridad de la Isla.

El grupito de Telegram

El 13 de julio de 2019, el Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico publicó 889 páginas de chats entre Rosselló con funcionarios y allegados de su gobierno plagados de mensajes homofóbicos, misóginos y sexistas en contra de su pueblo. Rápidamente, se inicia una escalada de protestas en las calles que exigen su renuncia. Junto a ellas, un grupo de artistas interviene. No para ayudar económicamente a quienes aún padecen las consecuencias de los huracanes. Tampoco para exigir a Trump que firme los recursos solicitados o para pedir cuantas al Gobernador en el uso de los recursos. Mucho menos en favor de la Independencia de Puerto Rico. Aparecen para hacer peso político en favor de la renuncia.

Si bien estamos seguros que existen razones para cuestionar la gestión de Rosselló, y que sus planes para Puerto Rico nada tienen que ver con medidas en pro de su pueblo; creer que el actual movimiento social tiene algo de revolucionario es no sólo ingenuo si no alejado de la realidad. De hecho, lo único que queda en evidencia es la posibilidad de que Trump se quite de encima a una figura incomoda para sus intereses, mientras Puerto Rico seguirá sometida a las migajas de la administración estadounidense y humillada en su condición Colonial.

El día de hoy, miércoles 24 de julio, se filtró la posibilidad de que el Gobernador Demócrata anuncie su dimisión al cargo que ostenta. Si esto ocurre y, según la ley, le sucedería la secretaria de Justicia, Wanda Vásquez, de la misma línea política de Rosselló.

Nada cambia en el fondo. Sólo se abre una válvula para drenar el asfixiante modo de vida de un pueblo sumido en la pobreza y la desigualdad de ser ciudadanos de segunda, de un país que les considera extraños y los quiere, pero de lejitos; que fácilmente podría desembocar en elevar nuevamente las banderas de su Independencia.

 

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