Cuando el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, afirma el pasado 11 de marzo de 2019 que Cuba y Rusia son los verdaderos responsables de la situación que atraviesa Venezuela y que las grandes dificultades que ha tenido Washington en mantener unida a la oposición venezolana se debe a que al menos 40 dirigentes se sienten con derecho a reemplazar a Nicolás Maduro, lo que está diciendo en realidad es que el imperio no puede con la patria de Bolívar. La pregunta que nos hacemos es: ¿Por qué será endiabladamente difícil apoderarse de Venezuela?

Veamos el contexto. Para nadie es un secreto que el Estado Liberal Burgués a través de sus corporaciones se rige por la amoralidad, la hipocresía, la falta de ética y la supremacía fenotípica caucásica que agrede al sur del mundo afincándose en el epicentro geopolítico mundial, es decir, Venezuela. ¿Hubiese podido alguien pensar que en el año 2019 en el tridente alternativo mundial estaría un conductor de autobuses junto a un ruso y a un chino?

Los aleteos finales del ahogado imperio tienen algo positivo: las máscaras están caídas y ya sus actores más conspicuos se muestran como son: gánsteres amparados, como señala Adrián Salbuchi, “detrás de una legalidad formal” donde “lo inconfesable se resguarda detrás de eufemismos hipócritas; y el robo, el fraude y la expoliación se esconden detrás de un sistema financiero, jurídico y metodológico de gran complejidad que encubre la realidad”.

En una canción de Silvio Rodríguez he encontrado la respuesta a la pregunta inicial. Es endiabladamente difícil apoderarse de Venezuela porque al imperio le molesta nuestro amor, nuestro amor de juventud y nuestro amor es un arte en virtud. Le molesta nuestro amor, nuestro amor sin antifaz y nuestro amor es un arte de paz. Le molesta nuestro amor, nuestro amor de humanidad y nuestro amor es un arte en su edad. Le molesta nuestro amor, nuestro amor de surtidor y nuestro amor es un arte mayor.

Nuestro amor es nuestra prenda encantada, es nuestra extensa morada, es nuestro espacio sin fin. Nuestro amor no precisa frontera como la primavera, no prefiere jardí­n. Nuestro amor no es amor de mercado, porque un amor sangrado no es amor de lucrado. Nuestro amor es todo cuanto tenemos, si lo negamos o lo vendemos ¿Para qué respirar?

Nuestro amor no es amor de uno solo, sino alma de todo lo que urge sanar. Nuestro amor es un amor de abajo que el devenir nos trajo para hacerlo empinar. Nuestro amor, el más enamorado, es demás olvidado en su antiguo dolor. Nuestro amor abre pecho a la muerte y despeña su suerte con un tiempo mejor. Nuestro amor, este amor aguerrido, es un sol encendido por quien merece amor.

Prof. Alí Rojas Olaya

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