Barriendo con todos los tratados internacionales y pasando por encima de las leyes diplomáticas de los países soberanos, con un nudo windsord en la corbata, bien peinado y perfumado, llega a la escena posando sonriente para la foto, Carlos Vecchio, a sus casi 50 años, se atornilla en hacer creer a la opinión pública que es el responsable de las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, siendo apoyado por un presidente autoproclamado, que sólo es reconocido por quienes no respetan los procesos democráticos que ha vivido el país, en los últimos 20 años y pretenden, a la mala, cual berrinche y pataleta de niño mimado, hacer valer su voluntad a costa de lo que sea.

Desde el año 2014, luego de haber participado en la planificación, organización y financiamiento de todos los actos violentos para desestabilizar el gobierno y atentar contra la paz de Venezuela, la juez Ralenis Tovar Guilén, ordenó la captura de Carlos Vecchio “por la presunta comisión” de delitos como “incendio intencional, instigación pública, daños y asociación”, los mismos cargos por los que fue detenido Leopoldo López, ese mismo año.

Oriundo de Caripe, Monagas, Vecchio es de descendencia italiana, está casado y tiene un hijo. Estudió leyes y realizó un par de postgrados en la Universidad de Harvard, EEUU. Vive con su familia en el Doral, al sur de Florida.

Es el segundo abordo, después de López y es coordinador político nacional del partido Voluntad Popular, quienes al ver que los intentos por tumbar a Nicolás Maduro, no daban resultados, le aconsejaron que se mantuviera en la clandestinidad durante 108 días, para​ luego escaparse a los Estados Unidos​ y convertirse en otro prófugo de la justicia venezolana.

Fue bautizado por la derecha internacional y la nacional, como el “encargado de negocios del gobierno ‘interino’ de Venezuela” y en “la voz principal de Venezuela en Estados Unidos” apadrinado y alcahueteado como tal, por la administración de Donald Trump desde el pasado 27 de enero. Sería el único que representa a un país del que se tuvo que fugar de la justicia.

Ahora es el responsable de articular la diplomacia en nombre de un diputado de una Asamblea Nacional en desacato, que cada vez pierde más su convocatoria. Miembro del grupo llamado Cocoon 2.0 que ha conspirando en contra del pueblo venezolano que insiste en vivir en paz.

Se ha reunido con todos los actores que se han pronunciado en contra del Gobierno Revolucionario, se ha arrastrado retratándose, haciéndose eco de una realidad de Venezuela, muy lejana y falsa, haciendo el show mediático, ondeando todos los fakenews para dar lástima y llegar al punto de pedir (sin tapujos) al Comando Sur, una intervención militar en Venezuela.

A pesar de que Vecchio, ha seguido ejerciendo presión internacional para, infructuosamente, derrocar el gobierno legítimo de Venezuela, además se ha convertido en el policía de las sedes diplomáticas que están ubicadas en EEUU. De forma autoritaria y violando todos los tratados internacionales, ha tomado posesión de embajadas y consulados.

Con excepción de una que aun no han podido, donde un grupo de activistas y defensores de la libertad, leales a la democracia latinoamericana, se mantienen firmes en Washington a pesar del asedio, muy parecido al que hicieron en el 2002 contra la embajada de Cuba en Venezuela, cortándoles los servicios y no dejando que les entre comida ni ningún tipo de ayuda. Amenazan constantemente a quienes decidieron apoderarse de esta lucha y defienden  esta sede diplomática con sus vidas.

 

El Gobierno venezolano ha agradecido la solidaridad de quienes entienden que este nuevo capricho por hacerse del poder, no es nuevo, sigue siendo el mismo guión imperial, la misma carencia de propuestas y el mismo modus operandi que atropella y arrebata, destruye y asesina, así es la derecha, el fascismo, el neoliberalismo, no importa dónde esté ni qué rostro muestre. Hoy, es el de Carlos Vecchio.

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