El desacato de la medida cautelar emitida por el Tribunal Supremo de Justicia,  sumada a la repentina gira internacional por los países sur americanos que se adhieren a los esfuerzos por derrocar el gobierno legítimo de Nicolás Maduro, parecen indicar que la salida del país del presidente auto proclamado Juan Guaidó, es la excusa perfecta para escapar de las presiones internas, tanto de los partidos como de la militancia de oposición en Venezuela, que reclaman el cumplimiento de la ruta de la transición prometida hace más de un mes.

Luego de los grandes esfuerzos realizados los días 22 en 23 de febrero por quebrar la voluntad moral e institucional de Venezuela, resulta razonable pensar que hubo un cambio en la estrategia dada la demostración de control de político del gobierno venezolano, comandado por Nicolás Maduro; sobre todo porque en las propias palabra de Juan Guaidó, era imposible lograr los objetivos planteados (Entrada de la “ayuda humanitaria”) sin el apoyo de la fuerza armada y la presencia masiva y permanente del pueblo del calle, cosas que no pasaron.

Tras el fracaso del plan A (entrada de la “ayuda humanitaria”) y la posterior negativa de los propios países aliados del imperialismo norteamericano, en apoyar una intervención militar a Venezuela (Plan B), parece que no queda de otra que aferrarse a lo que los trajo y mantiene en este punto: la mediática internacional, que insiste en mostrar  a un líder emergente, exitoso, con un fuerte apoyo popular e institucional, víctima de la persecución de un régimen totalitario; discurso que se cocina en su propio caldo, dado el desarrollo normal de la vida en la país donde por cierto, se encuentra la familia de Juan Guaidó.

En medio de todo este panorama y el actual tratamiento de las informaciones, referidas a las agendas del diputado en estos países,  sería interesante repensar los escenarios y observar si la dirigencia opositora optó por construir desde la distancia un candidato para futuros comicios o si los objetivos se mantienen y en un ataque de temor a la justicia venezolana, que sepultó las pretensiones de Leopoldo López, instaurarán un gobierno en el exilio;  resultando en ambos casos en una legitimación indirecta del Gobierno Bolivariano.

RedRadioVe

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